jueves, 22 de enero de 2026

Videos sobre la sinodalidad (CELAM)

   Algunos estamos haciendo el curso "Juntos" que ofreció el CELAM, a fines del año pasado, para profundizar sobre la sinodalidad. Este curso está estructurado con videos breves (unos 8 minutos) en que diversos especialistas van exponiendo distintos aspectos de la sinodalidad y del Documento Final de Francisco y la Asamblea Sinodal (= DF).

   Dado que desde el principio del curso se dice que estos videos son de libre difusión (y por eso están subidos a youtube) los comparto aquí.

   En el enlace hay una lista en que figuran los títulos y enlaces de los tres primeros ciclos de discursos (junto con algunas notas personales que recogen algunas ideas de cada video).

   El primer ciclo pone marcos generales, y el segundo trata sobre el proceso sinodal y el tercero expone cada una de las cinco Partes del DF.

   Luego seguiré agregando los siguientes ciclos de videos…

VIDEOS SINODALIDAD (CELAM)


jueves, 15 de enero de 2026

Santo Tomás de Aquino, teólogo flexible

 Algunos consideran a Tomás como un bastión del conservadurismo cuando, en realidad, en su época fue un innovador que rompió con ocho siglos de tradición agustino-platónica, para construir un sistema inspirado en categorías aristotélicas (que en aquel momento eran vistas como sospechosas… lo cual le valió a las obras de Tomás estar condenadas durante varios años, después de su muerte).[1]

   Si observamos a Tomás vemos que es flexible, tanto a lo largo del tiempo (pues va modificando algunas opciones) como dentro de sistemas que propone (que no modifica, pero que enfoca de otra manera).[2]

   Un ejemplo de lo primero puede ser su evolución en el tema de la existencia del mal en el mundo, en relación con Dios. Mientras que en la Suma Teológica (año 1266) dice que Dios ni quiere ni no quiere el mal, sino que lo permite,[3] en la Cuestión disputada sobre el mal (que es posterior: 1268-69)) elimina el concepto de permisión y muestra que la estrategia de Dios ante el mal es corregir los efectos malos que la libertad humana produce.[4]

   Y un ejemplo principal de cómo Tomás “resetea” un esquema que ha encontrado eficiente es el juego constante que hace con las nociones de “procesión, relación y persona” al presentar el misterio de la Trinidad. Con el orden que acabo de indicar presenta estas nociones en la Suma Teológica. Pero anteriormente, en el Comentario a las Sentencias (años 1254-56), la procesión ocupaba el lugar central; y en la Cuestión Disputada De Potentia, el orden que propone es: “relación, persona, procesión”. O sea: Tomás nunca presenta esas tres nociones en el mismo orden… y sus razones tiene: Ghislain Lafont precisa que el orden de la De Potentia refleja más el “ordo inventionis” y el de la Suma Teológica, el “ordo disciplinae”.[5] Y es interesante constatar que la cuestión De Potentia (1265-67) y la Primera Parte de la Suma (1266) son textos contemporáneos.

   Basten estos ejemplos sobre dos temas cruciales, para ver a Tomás como un teólogo vivo y en constante juego creativo.[6]



[1] Yo valoro el acceso a la obra y figura de Santo Tomás –humano y humanista– que se puede lograr mediante las obras de Josef Pieper… y no sólo las que tratan expresamente sobre él. Por ejemplo, el comentario que –como al pasar– propone Pieper de llamarlo “más que Tomás de Aquino «Tomás del Dios Creador»”, a causa de la valoración positiva que hace Santo Tomás respecto de la realidad creada: Josef Pieper, Las virtudes fundamentales, Madrid, 1976; p. 270.

[2] Podríamos hablar de su flexibilidad diacrónica y sincrónica…

[3] Creo que ni el propio Tomás estaba muy convencido de lo que escribió en la Suma, pero se entiende: Dios no puede querer el mal, porque es Bondad; pero si Dios realmente no lo quisiera su Omnipotencia debería eliminarlo. El problema con el concepto de permisión es que puede derivar en una acusación contra Dios, al menos por no actuar. El ejemplo catequístico que suelo proponer es el siguiente: si yo fuera directivo de un colegio católico, y en ese colegio pasaran cosas que están mal (y yo lo permitiera) yo no sería inocente…

[4] Autores que he visto analizando este tema en Tomás o dan como paralelos los dos pasajes (como Charles Journet, El mal, Madrid, 1965)  o no consideran estos textos (como Jean-Hervé Nicolas, Synthèse dogmatique. Complement”, Fribourg-Paris, 1993; pp. 353-396). Los textos de Tomás son: Suma Teológica I, 19,9 ad 3.y De malo 2,1 rc 4.

[5]Ordo inventionis” es el orden en que se van descubriendo los datos; “ordo disciplinae” es el orden que se les puede dar lógicamente a los datos en una sistematización. Cf. GhislainLafont, Estructuras y método en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, Madrid, 1964; p. 80 (nota 111). Cf. también Gilles Emery, La téologie trinitaire de Saint Thomas d´Aquin, París, 2004; pp. 49ss. 

[6] ¿Qué hubiera escrito Tomás sobre “persona y relación” en una hipotética Cuestión disputada sobre la Trinidad compuesta a sus, digamos, 60 años de edad? (Recordemos que Tomás murió a sus 49 años). Porque si uno bien se fija, al principio de la cuestión 29 de la Suma Teológica (Prima Pars) Tomás no sigue su propio hilo reflexivo sino que “retrocede” a la definición de Boecio, quizás recordando que está escribiendo un tratado para principiantes de teología (y dejando para un desarrollo posterior –que nunca se dio– las potenciales riquezas que se seguían de sus reflexiones en la cuestión 28).

viernes, 9 de enero de 2026

La aceptación de la vulnerabilidad

   Ser humano es ser vulnerable: estamos expuestos al dolor, a la tristeza, a la traición, a la muerte. Puede ser difícil, en una sociedad que tiende a querer controlarlo todo, aceptar esta dimensión esencial de ser humano.

   Algo que puede estimularnos a los creyentes cristianos es ver que el Dios Infinito y Eterno quiso asumir la vulnerabilidad humana, ser uno de nosotros y quedar expuesto a todas esas vulnerabilidades que, efectivamente, sufrió. 

   Y parte del arte de la aceptación de la vulnerabilidad es saber que -aunque todo se nos ha ido de las manos- nada queda fuera del señorío de Dios; como dice Jesús: "nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre" (Jn 10,29)

   Un  himno de la liturgia navideña que aún estamos transitando canta el misterio del Dios que se hizo vulnerable:

«Hoy la Virgen da a luz al Transcendente.

Y la tierra ofrece una cueva al Inaccesible.

Los ángeles y los pastores le alaban.

Los magos caminan con la estrella:

Porque ha nacido por nosotros,

Niño pequeñito el Dios eterno». [1]

   El siguiente video expone una reflexión profunda y cordial sobre la vulnerabilidad, y el camino de su aceptación por parte de una persona inclinada a medir y controlar, y con todo esto reforzado por su formación académica.

BRENE BROWN: EL PODER DE LA VULNERABILIDAD (SUBTITULOS ESPAÑOL)

[1] San Romano Melodo, Kontakion, 10 (citado en CCE 525).


viernes, 2 de enero de 2026

El método de “la conversación en el Espíritu”: contextos

   Si uno lee el breve documento oficial sobre “la conversación en el Espíritu”, y conoce un poco sobre distintas corrientes de espiritualidad cristianas, puede que detecte un cierto aroma de espiritualidad ignaciana.[1]

   Pero sería errado entender el método como una propuesta marcada por una escuela de espiritualidad particular. Esto se evidencia cuando se encuentran indicaciones parecidas en otras corrientes de espiritualidad. Veamos algunos casos…

 1. Por ejemplo: San Benito, en el capítulo tercero de su Regla monástica dispone lo siguiente:

   “Siempre que en el monasterio haya que tratar asuntos de importancia, convoque el abad a toda la comunidad, y exponga él mismo de qué se ha de tratar. Oiga el consejo de los hermanos, reflexione consigo mismo, y haga lo que juzgue más útil. Hemos dicho que todos sean llamados a consejo porque muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor. Los hermanos den su consejo con toda sumisión y humildad, y no se atrevan a defender con insolencia su opinión. La decisión dependa del parecer del abad, y todos obedecerán lo que él juzgue ser más oportuno. Pero así como conviene que los discípulos obedezcan al maestro, así corresponde que éste disponga todo con probidad y justicia”.[2]

   Aquí vemos que:

   a. Se practica un discernimiento comunitario, en el cual –no sólo participan todos– sino que Benito, desde su experiencia, ha verificado el aporte sustancial que a veces hacen los más pequeños: “muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor”.[3]

   b. Esta última frase muestra la dimensión carismática de todo el asunto: el Señor revela; por tanto hay que ponerse a la escucha…

   c. Hay un comunión organizada: el abad escucha el consejo de los hermanos y toma la decisión teniendo en cuenta lo escuchado, de un modo servicial: “con probidad y justicia”.[4]

 

2. Es interesante que esa experiencia que tuvo Benito, que veía que “muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor” la capitaliza Santa Teresa de Jesús, valorando la voz de “la más chiquita” del convento carmelita.[5] Al principio de “Camino de Perfección”, insistiendo en la práctica de la pobreza –que aparece como central en su reforma del Carmelo– y diciendo a sus hermanas que deben despreocuparse de lo material Teresa escribe:

   “En ninguna manera se ocupe en esto el pensamiento. Esto os pido yo, por amor de Dios… y la más chiquita, cuando esto entendiese alguna vez en esta casa, clame a Su Majestad y acuérdelo a la mayor; con humildad le diga que va errada; y va lo tanto, que poco a poco se irá perdiendo la verdadera pobreza”.[6]

 

   Y, más allá de este caso particular, hay que tener en cuenta que la reforma misma del Carnelo –iniciada por Teresa y algunas de sus hermanas; a las que se unen Juan de la Cruz y otros frailes– implicó: escucha de la voluntad de Dios; docilidad al Espíritu; discernimiento comunitario; decisiones “corresponsables y diferenciadas”…[7]  Y esto que se puede decir de la reforma del Carmelo, se puede extender al nacimiento de cada instituto religioso –y de cada reforma– en base a un carisma otorgado por el Espíritu.[8]

 

3. Volviendo a la tradición benedictina, en la Orden cisterciense (hoy conocida como trapense) vemos una actualización al siglo XXI del espíritu que nos mostraba San Benito. En una Carta del Abad General, Bernardo Olivera, escrita a todas las comunidades del mundo en 2004: “Vida común en comunidad de amor” se propone un diálogo comunitario semejante a la “conversación en el Espíritu”.[9]

   Dado que toda la Carta muestra qué es vivir de modo sinodal (e incluso remite a varias cartas del Abad General anterior) pongo un enlace para quienes quieran leerla completa.[10] Aquí recojo unos consejos que el Abad Bernardo propone cuando pasa exponer los aspectos prácticos:

    “Aterrizamos ahora en la práctica. Observando la vida concreta de nuestras comunidades he llegado a esta simple conclusión: la calidad de la comunidad depende de la calidad de su comunicación.  Y cuando digo comunicación me estoy refiriendo a un doble binomio: escucha-silencio y palabra-respeto

   Urge, en consecuencia, una disciplina de la palabra discreta, la cual implica una respetuosa escucha.  La palabra discreta presupone respuestas adecuadas a preguntas como estas: ¿he escuchado antes de hablar?, ¿sé lo que quiero decir?, ¿es con él/ella con quien tengo que hablar?, ¿es el momento y el lugar conveniente?, ¿me comunico, informo, me lamento o murmuro..?...[11]

    El diálogo comunitario es un tipo muy específico de comunicación, es un tipo de comunicación grupal calificada, algo así como lo que intenta San Benito cuando escribe el capítulo tercero de su Regla: cómo se han de convocar los hermanos a consejo

   ¿Qué quiero decir cuando hablo de diálogo?  Dialogar es intercomunicarse amigablemente e interactuarse cooperativamente en vistas a un fin común.  O, con palabras más cenobitas: dialogar es ser verdadero, decir la verdad y hacer la verdad en el amor.  Esto implica, ante todo, tres actitudes fundamentales: mirar con simpatía a los otros, donarse a sí mismo con generosidad y acoger al prójimo con solicitud y cuidado…

Las siete reglas de oro del buen hablar pueden plasmarse así, se trata de hablar:

-Claramente: con verdad.

-Humildemente: sin absolutizar.

-Prudentemente: con oportunidad

-Amablemente: sin interrumpir ni monopolizar.

-Comprometidamente: sin teorizar.

-Confiadamente: sin temor.      

-Esencialmente: con precisión”.[12]

 

   Con esto vemos que en la espiritualidad de la Regla de San Benito –antigua y reciente, benedictina y trapense– y en la espiritualidad carmelitana aparece la práctica de la conversación en el Espíritu.



[1] Por si alguien no tiene o no conoce este texto, lo puede encontrar aquí: MÉTODO DE LA CONVERSACIÓN EN EL ESPÍRITU

[2] Nótese que la ubicación del capítulo también recalca su importancia: en el capítulo primero Benito expuso cuáles son las cuatro clases de monjes y optó por la vida cenobítica; en el segundo habla de cómo debe ser el abad; y enseguida acompaña la figura del abad con el consejo que constituye la comunidad. Recuérdese, además, que las comunidades monásticas –que parecen ser cristianos bastante comprometidos– eligen a su abad (e incluso determinan la duración de su cargo) lo cual hace del servicio abacial algo muy sinodal ya desde la misma designación: el monje que hoy ha sido elegido abad por sus hermanos, dentro de seis años puede volver a ser un hermano más, ante la elección de un nuevo abad. Y dado que los monjes que viven según la Regla de San Benito hacen un voto de estabilidad, viven en la misma comunidad todas sus vidas (no cambian de comunidad como otros religiosos).

[3] En el Documento Final del Sínodo (DF) se pueden leer textos análogos: “La Iglesia está llamada a ser pobre con los pobres, que a menudo son la mayoría de los fieles, y a escucharlos y considerarlos sujetos de evangelización, aprendiendo juntos a reconocer los carismas que reciben del Espíritu” (DF 19). La disponibilidad de escuchar a todos, especialmente a los pobres, contrasta con un mundo en el que la concentración de poder deja fuera a los pobres, a los marginados, a las minorías y a la tierra, nuestra casa común” (DF 48). Asimismo, toda la teología del “sensus fidei” fundamenta y explica el valor de la voz de cada uno: Cf DF 22-23.

[4] En el DF se propone una dinámica similar: se parte de un discernimiento eclesial (DF 81ss) con la más “amplia participación” (DF 82); se realiza un discernimiento que tiene varios pasos que se detallan (DF 84) y se llega a una toma de decisiones de las autoridades, que ofrecen el resultado del consenso alcanzado “a todos los participantes, para que puedan expresar si se reconocen o no en él” (DF 84). En esta misma línea de un vínculo esencial entre el consenso comunitario y la decisión de la autoridad, el DF pide que se revise “la fórmula recurrente en el Código de derecho canónico (CIC), que habla de un “voto sólo consultivo” (tantum consultivum)” porque puede dar lugar a “ambigüedades” (DF 92).

[5] Esta valoración de “el menor” es constante en la Biblia; sin pensar mucho, enseguida recordamos los casos de Abel, Jacob y David, en que el menor es preferido al mayor. María canta que “Dios”, que “puesto los ojos en la pequeñez de su esclava… derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1,48.52). Y Jesús “exhomologa” al Padre (no sólo lo “alaba”) porque esconde los misterios del Reino a los sabios y prudentes y los revela a los pequeños (Cf. Mt 11,25).

[6] Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección, 2,4.

[7] La expresión “corresponsabilidad diferenciada” aparece 6 veces en el DF: 26, 28, 36, 77, 89 y 147; mientras que “corresponsabilidad” aparece otras 7 veces, además de las indicadas.

[8] Agradezco a las Hermanas Carmelitas del Convento de Guillón la lúcida observación que aprovecho aquí; como así también la rápida precisión sobre el lugar del texto de Santa Teresa de la nota anterior.

[9] Es tradicional en la Orden trapense que el Abad General escriba una carta anual a las comunidades; algo así como una encíclica a tiempos regulares (en-cíclica, es lo que hoy llamamos una carta circular).

[11] “Murmurar” en el ámbito monástico significa algo así como “criticar por la espalda, por lo bajo”; todo lo contrario de lo que Jesús enseña en Mt 18,15ss.

[12] En la Carta citada, en las páginas 8 y 9, hacia el final de la Carta.

domingo, 21 de diciembre de 2025

7 veces Emmanuel

   El título “Emmanuel”, es decir, “Dios con nosotros (meth´ hemón ho Theós)” es lo primero que se nos dice de Jesús en el Evangelio según San Mateo. Y también será el cierre de Mt 28,20: “Yo con ustedes estoy (Egó meth´ hymón eimí) todos los días hasta el fin del mundo”.

   En medio del evangelio, Jesús especifica varias presencias especiales:

            1. “El que a ustedes recibe, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (10,40: Cf. 10,14: “…Y si no los reciben ni escuchan sus palabras”; Cf. Lc 10,16).     

2.  “Y cualquiera que recibiere en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe” (18,5).

            3. “…si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo… pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos.” (18,19s).

            4. “…tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber… pues cada vez que lo hicieron con uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (25,31ss).

            5. “…esto es mi cuerpo… esta es mi sangre… desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con ustedes (meth´ hymón), nuevo, en el Reino…” (26,26ss).[1]

    Con lo cual, al estilo de Mateo –que articula su Evangelio y sus textos con el número 7– tenemos que Jesús es Emmanuel de 7 formas complementarias…

   Y también se produce una revelación final: lo que se anunciaba sin un verbo en Mt 1,23 ‒aunque confesando que se trataba de “Dios”‒ se manifiesta con el nombre divino revelado a Moisés en Ex 3,14: “Yo soy (Egó eimí)” pero con una construcción gramatical que insinúa la acogida de la comunidad en medio de la divinidad: “Yo con ustedes estoy (Egó meth´ hymón eimí)” [2]... la comunión eclesial -signo e instrumento de la comunión humana- es acogida en la Comunión de la Trinidad.



[1] Mateo, que no escribe un “tomo 2” de su obra como hace Lucas con Hechos de los Apóstoles, nos propone algo similar a lo que hace Lucas allí. Pues podemos sistematizar estas presencias de Jesús en Mt, con el esquema que nos propone Lucas en Hch 2,42: la enseñanza de los Apóstoles (= Mt 10,40.14), la vida en comunidad donde nadie pasa necesidad (= Mt 18,5.19s; 25,31ss); la fracción del pan (= Mt 26,26ss); las oraciones (= Mt 18,19s).

[2] Recordemos que en griego ‒como sucede en algunos idiomas modernos como el inglés‒ el mismo verbo significa “ser” y “estar”.

sábado, 20 de diciembre de 2025

La sobreabundancia de la naturaleza, espejo de la gracia de Dios

   En una entrevista reciente de Jorge Fontevecchia publicada en el diario Perfil, el filósofo Daniel Milo dice que tuvo un “Eureka” –un descubrimiento iluminador– sobre la sobreabundancia de la naturaleza, al tener noticia de la “exagerada” cantidad de espermatozoides que se producen en un acto sexual.[1]

   Pero no hace falta ir a una observación científica de nivel microscópico para percibir esto, si uno observa la naturaleza pues: ¿Cuántas naranjas necesita producir un naranjo en toda su existencia para asegurar su descendencia?

   Parece que con una sola naranja en toda su vida es suficiente: una naranja contiene 8 o 10 semillas… con que se activen sólo dos, ya duplicamos la población de naranjos del mundo. Entonces: ¿por qué un naranjo produce cientos de naranjas cada año, a lo largo de muchos años?

   Y dos “vueltitas de tuerca” interesantes:

   1. La pulpa de la naranja no es necesaria para la eficiencia de la reproducción. Al naranjo le bastaría con producir la semilla y una cierta cáscara para protegerla. Lo que a nosotros nos alimenta, al naranjo –en principio– no le sirve para mucho.[2]

   2. La mayoría de las frutas maduran en verano. Curiosamente, los cítricos maduran en el invierno, justo cuando los humanos necesitamos vitamina C para fortalecernos ante el clima más frío.

   Esta reflexión sobre el naranjo se aplica a la generalidad de las especies vegetales y animales: las semillas de los cereales hoy producen mucho más que “el ciento por uno” que aparece como lo máximo en los evangelios… pero ya un “treinta por uno” (el mínimo mencionado allí) es un gran negocio…  Y una cabra puede producir dos cabritos cada cinco meses (suelen tener mellizos)…

   Elementos como estos han hecho que algunos científicos hablen del “principio antrópico”: parece que la evolución apunta al surgimiento final del ser humano y que éste –al surgir– tenga un entorno amable y abundante que le permita prosperar fácilmente.[3]

   O, como algún científico ha dicho también: “el fenómeno de la evolución, con la aparición progresiva de formas de vida jerarquizadas piramidalmente y genéticamente conectadas, tiene todas las apariencias de un vasto plan inteligente y suscita la vehemente sospecha de... una Mente omnipotente.” [4]

  A la luz de lo que estamos reflexionando, diría que habría que hablar de una Mente omnipotente, sabia… y muy generosa.



[1] Se puede encontrar la entrevista –fechada el 23 de agosto de este año– tanto en perfil.com, como en spotify y en youtube, etc. Se titula: “Hay una alianza objetiva entre el neodarwinismo y el neoliberalismo”

[2] Se podría encontrar una utilidad colateral de la pulpa sabrosa: al atraer a los animales y hacer que coman los frutos caídos, con su movilidad (y defecación) los animales pueden ayudar a la dispersión de las semillas. Aquí se demuestra una sutil astucia del naranjo…

[3] Cf. Juan Luis Ruiz de la Peña, Teología de la creación, Santander, Sal Terrae, 19872; pp. 245-247, donde menciona a media docena de científicos contemporáneos que hablan del “principio antrópico”.

[4] Ibid. p. 239, citando a Theodosius Dobzhansky.

sábado, 6 de diciembre de 2025

Una meditación sobre la amplitud de la salvación

 

    El teólogo contemporáneo Hans Urs von Balthasar estaba preocupado por encontrar una respuesta equilibrada a una cuestión que tiene varias aristas:

   - Dios quiere que todos los hombres se salven

   - El ser humano es libre y la Revelación afirma la posibilidad de la condenación eterna

   - El destino eterno (salvación o condenación) de cada ser humano tiene que dejar a salvo tanto la misericordia como la justicia de Dios.

   Y habría que agregar un contexto histórico: en un movimiento pendular respecto de épocas anteriores (en que se insistía excesivamente en la posibilidad de la condenación), nuestra época tiene aversión a siquiera nombrarla.[1] Entiendo que Balthasar también es sensible a esta condición epocal.[2]

 

   Con estos contextos, Balthasar afirma que: “Solo una teología bíblica profundizada puede prometer un éxito en este tema”.[3]

   Esta afirmación del teólogo suizo equivale a una confesión implícita: “no puedo encontrar un texto de la Escritura que me ayude a resolver esta cuestión”. Por eso es necesario elaborar una “teología bíblica profundizada”, es decir, un abanico de textos bíblicos sintetizados que ofrezca, como conclusión, una solución a la cuestión planteada.

   Pero a mí me parece que sí hay un texto bíblico que abre al misterio de una “salvación amplia”. El texto está en la Primera Carta de Juan y dice así: “si nuestra conciencia nos reprende, mayor es Dios que nuestra conciencia, y conoce todas las cosas” (3,20).[4]

   El texto es misterioso. Su última frase es misteriosa. Si esa última frase dijera “y Dios es misericordioso” no tendría mayor misterio: estaría diciendo que –aunque yo me juzgara culpable en algún caso– Dios me perdonaría, porque es más misericordioso que yo. Con esto, el texto estaría apelando al amor de Dios, que es expresión de su voluntad. Y no nos ayudaría en la solución que buscamos, pues: ¿y qué sucede con la justicia de Dios?

   Pero el texto no apela a la voluntad de Dios, sino a su sabiduría; no apela al amor de Dios, sino a su conocimiento.

   Con lo cual estaría insinuando que, en los juicios que nosotros hacemos sobre nuestra propia conducta podemos ser menos misericordiosos que Dios, pues nosotros no vemos algunos elementos que Él sí ve (condicionantes de nuestra conducta que no están dentro de nuestro campo de conocimiento)… o sea que estaríamos hablando del inconsciente, 1800 años antes de Freud.

   Esta falta o reducción de nuestro conocimiento, reduce la responsabilidad. Pues es una enseñanza cristiana tradicional afirmar que, para que haya pecado, debe haber conciencia y libertad; y cuanto más plenas sean estas, más responsable es la persona de sus actos, y viceversa (Cf. CCE 1735; 1859s).

    Cuando Jesús desde la Cruz implora perdón para sus propios asesinos dice algo que está en esa misma línea: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).[5]



[1] No obstante, si somos discípulos fieles de Jesús, debemos prestar atención a lo que dice Jesús no sólo en cuanto al contenido general, sino en cuanto a la importancia relativa de cada elemento dentro del conjunto. En este caso, Jesús no habla todo el tiempo de la condenación, pero no deja de mencionarla. Por poner sólo dos ejemplos: en el Evangelio según san Mateo aparece 6 veces la expresión que habla del “llanto y rechinar de dientes” como condición de aquellos que no alcanzan la salvación (Mt 8,12; 13,42.50; etc.). Y en el otro extremo del arco evangélico (Mateo es el más “judaizante” de los evangelistas, mientras que Juan es el más “gnóstico”), en el Evangelio según san Juan leemos: “El que cree en el Hijo, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios” (Jn 3,18).

[2] Por ejemplo, el Catecismo alemán para adultos afirmaba en 1985: “ni en las Sagradas Escrituras ni en la tradición de fe de la Iglesia se afirma con certeza que algún ser humano esté realmente en el infierno” (en la p. 423 del original alemán).

[3] Hans Urs von Balthasar, Gloria II. Estilos eclesiásticos, Madrid, 1986; p. 130. La frase continúa, diciendo algo que no interesa directamente a nuestro tema: “…que, naturalmente, no se resuelve en una «sistemática» superior”. Este dato, el dato de la cita anterior y el planteo inicial del tema según Balthasar, los debo a la lectura de la tesis de doctorado del Pbro. Ignacio Díaz.

[4] El texto griego dice “kardía”, es decir, “corazón”; pero dada la función judicial que se le adjudica aquí al complejo símbolo semítico del “corazón” (que no tiene nada que ver con nuestro símbolo actual, procedente del movimiento romántico) es pertinente traducirlo como “conciencia”.

[5] Esta frase manifiesta entonces no sólo la misericordia, sino también la sabiduría de Jesús… y su fortaleza: en su agonía, Él se mantiene firme en sus convicciones, aun cuando parece que sus enemigos triunfan. Es más, implícitamente Él proclama una superioridad frente a ellos: “ellos no saben cómo son las cosas en realidad, pero Yo sí”.