jueves, 13 de marzo de 2025

La visión cristiana de la realidad es paradojal

   Así como hay materias teórico-prácticas, de modo parecido, se puede decir que la visión cristiana de la realidad es una visión optimista-“pesimista”-optimista.[1] De este modo, se articula un equilibrio paradojal rico y complejo.

   Hay un optimismo radical que se fundamenta en los dos primeros capítulos de la Biblia que nos muestran que Dios creo todo “bueno, muy bueno”. Este optimismo se funda entonces en la fe y se refiere al ser mismo de las cosas (nivel metafísico).

   Y hay un optimismo final que se fundamenta en los dos últimos capítulos de la Biblia, que nos muestran la Jerusalén celestial en la que ya no hay ningún mal. Este optimismo entonces, se funda en la esperanza y se refiere al tiempo (nivel histórico).[2]

   En medio –desde el primer pecado del hombre– se hace presente el dolor en la historia y también hiere el ser mismo de las cosas y del hombre, por eso la creación gime y nosotros mismos gemimos (Rm 8,20-23). Aquí aparece la dimensión moral y su dilema, y se requiere el amor de caridad (nivel existencial).

   Y, justamente, la fe en que el ser de las creaturas es bueno y la esperanza en que todo termina bien nos ayudan a comprometernos en el amor de caridad, a pesar de las dificultades (esquema teologal).

   Y por eso podemos decir que la concepción bíblica del tiempo tiene un dinamismo pascual, que comienza con lo gozoso (Gn 1-2) y pasando por lo doloroso (Gn 3ss) llega a lo glorioso (Ap 21-22); dinamismo que se anticipó realmente y se manifestó claramente en el misterio pascual de Jesús.

 

Perspectiva

Optimista

“pesimista”

Optimista

Fundamento bíblico

Gn 1-2

Gn 3ss

Ap 21-22 y, antes, la Resurrección de Jesús

Dinamismo pascual

Gozoso

Doloroso

Glorioso

Niveles

Ser: es bueno

Moral, y su dilema

Tiempo: termina bien

Dimensión

Ontológica

Existencial

Histórica

Virtud teologal

Fe

Caridad

Esperanza

    Este esquema optimista-“pesimista”-optimista lo usa el Catecismo de la Iglesia Católica en sus números 28-30 y 36-38 (por ejemplo),

 

“…la paradoja no es una contradicción (“círculo cuadrado”) sino la contemplación de dos verdades sobre Dios que –considerada cada una en sí misma‒ vemos que corresponden a Dios; pero que –cuando queremos sintetizarlas en una contemplación única‒ nuestro pobre espíritu limitado se ve completamente desbordado por Dios

   O, dicho de otro modo: la paradoja nace de la convicción de que todas las perfecciones deben existir en Dios, aunque nuestra pobre mente no pueda compatibilizar su coexistencia. Por ejemplo: que Dios sea infinitamente perfecto (lo cual incluye el atributo clásicamente denominado “inmutabilidad divina”) y que también sea infinitamente amoroso y compasivo nos parece correcto; pero poder conciliar “inmutabilidad perfecta y compasión infinita” queda más allá de nuestra contemplación terrena.”

(Jorge Fazzari, Don y Comunión. Una síntesis cristocéntrico-trinitaria de teología y espiritualidad, Temperley, 2023; p. 30.

 



[1] Pongo “pesimista” entre comillas pues no es propiamente tal; pero sí es un hacerse cargo de la presencia del mal en el mundo y de su gravedad.

[2] Y estos dos niveles se relacionan con la sabiduría y la profecía: la primera busca conocer el ser de las cosas y la conexión entre ellas y con Dios, mientras que la segunda busca interpretar los tiempos.

sábado, 4 de enero de 2025

San Lucas: el evangelista de la conversión

     La liturgia católica nos propondrá este año leer a Lucas (la mayoría de) los domingos. Por eso, vuelvo a proponer una reflexión que escribí aquí mismo un par de años atrás, con algunos agregados.

 Se suele decir que el Evangelio según San Lucas es el evangelio de la misericordia. Y es cierto: Cf. L. Rivas, Qué es un evangelio, Buenos Aires, 2001; pp. 81s.

   Pero no se suele indicar que también es el autor que más insiste en la conversión: el verbo “metanoéo” (= convertirse) aparece 9 veces en el evangelio y 5 veces en el Libro de los Hechos (mientras que Mateo lo usa 5 veces, Marcos 2 y Juan nunca); y el sustantivo “metánoia” (= conversión) aparece 5 veces en el evangelio y 6 en Hechos (en Mateo 2 veces, en Marcos 1, en Juan nunca). Sumando todo, tenemos que Mateo habla de la conversión 7 veces, Marcos 3,  Juan nunca y ¡Lucas 25 veces!

   Pasando de lo cuantitativo a lo cualitativo, tenemos que en Lucas el verbo "convertirse" aparece dos veces en boca de Jesús en la dura palabra de 13,1-5: "y si ustedes no se convierten, también todos perecerán". Y vuelve a aparecer en la no menos drástica conclusión de la parábola del rico y del pobre Lázaro (16,29-31). Ambos textos son propios de Lucas.

   Por su parte, el sustantivo “conversión” aparece tres veces en boca de Jesús (no así en los otros evangelios): Lc 5,32; 15,7 y 24,47. 

   Este último texto tiene importancia especial pues es una explicación general de Jesús Resucitado: “Así está escrito: el Mesías debía sufrir y resucitar de entre los muertos al tercer día, y comenzando por Jerusalén, en su Nombre debía predicarse a todas las naciones la conversión para el perdón de los pecados”.

(Tomado de mi libro Don y Comunión, Temperley, 2023; p. 56, nota 176)

 

domingo, 29 de diciembre de 2024

Sobre la búsqueda de la felicidad

  

   Al principio de la Ética a Nicómaco, Aristóteles afirma que todo ser humano desea, por naturaleza, ser feliz.

    Pero vemos que la mayoría de las personas no son felices.

    Ante esto, nuestra primera conclusión debería ser: no es tan fácil lograrlo.

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Jesús tiene un par de palabras, al menos, sobre esto:

   “Esfuércense por entrar por la puerta estrecha, porque les digo que muchos tratarán de entrar y no podrán”, dice Jesús en la versión de Lucas (13,24)

   La versión de Mateo es más drástica aún: “"Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. Pero estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la encuentran” (7,13s).

   Digo que la versión de Mateo es más drástica, pues en Lucas hay un esfuerzo por entrar que no llega a buen término: fallan las fuerzas. Pero en Mateo dice que “son pocos los que le encuentran”: aquí ya es la percepción la que falla, que no logra discernir el camino.

sábado, 21 de diciembre de 2024

Permítanme no ser optimista...

 

Inventamos la dinamita y, en lugar de usarla sólo en minería e ingeniería, la usamos para volarnos en pedazos unos a otros. Y, para calmar nuestra conciencia, establecimos los Premios Nobel.

Descubrimos la energía atómica y, en lugar de usarla sólo para nuestro bienestar, inventamos la bomba atómica y la usamos sobre población civil. Y para calmar nuestra conciencia, establecimos el 6 de agosto como el Día del Niño.

Desarrollamos la Inteligencia Artificial y…. si queda alguno, vaya pensando un evento conmemorativo indignante.

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Como he recibido un par de comentarios acerca de la reflexión anterior, agrego un par de precisiones:

1. No es necesario que siempre una reflexión termine con una mirada de esperanza: a veces, terminar de un modo duro es la manera de abrir una puerta a la esperanza, mostrando lo drástico de la situación y la necesidad imperiosa de hacer algo. Por ejemplo: cuando Jesús concluye el Sermón de la Montaña en el evangelio según san Mateo, con la comparación de las casas construidas sobre roca y sobre arena, la frase final (del Sermón) es dura: "y su ruina fue muy grande". Y podemos encontrar otros ejemplos en el evangelio donde Jesús busca conmocionar a su auditorio para que se despabilen...

2. Hay otras cosas que inventamos con buenas intenciones y terminamos usándolas para el mal:

- la invención del dinero buscó facilitar el trueque, con un elemento de permitía un intercambio multilateral en lugar del trueque bilateral. Fue una buena idea. Pero cuando uno observa los datos de concentración de la riqueza (que es creciente) ve que el dinero se ha transformado en una herramienta de desigualdad, sometimiento, exclusión y muerte.

-  cuando comenzó internet era un lugar de creatividad y libertad. Hoy se transformó en un instrumento de control social, intromisión en la intimidad, influencia indebida en las elecciones democráticas por parte de agentes externos, fraudes, canal de noticias falsas y desinformación....

3. Si no fuera suficiente con lo anterior, recordemos que nuestra fe declara que Dios vino al mundo, "pasó haciendo el bien" (Hch 10,38) y nosotros lo crucificamos. No una muertecita así nomás: crucificixión. (No pongo aquí una imagen de cristianos crucificados contemporáneos para no herir sensibilidades... ver esas imágenes es un modo de des-edulcorar la cruz...)..

domingo, 8 de diciembre de 2024

Las iglesias domésticas en el cristianismo primitivo

   La primera “iglesia doméstica” es aquella que recibirá el Espíritu Santo en Pentecostés. Allí estaban reunidos, en “el aposento alto (hyperóon)”, los Apóstoles que “perseveraban unánimes en la oración, con las mujeres, con María la madre de Jesús, y con sus hermanos” (Hch 1,13s). 

   En el contexto de una celebración mariana de nuestra Iglesia Católica debemos recordar que María es laica, casada, madre de familia y que la Sagrada Familia de Nazareth es el anticipo de aquella familia de Jesús constituida por quienes creemos en Él (Cf. Lc 8,19-21). 

   También en una casa de familia, Jesús celebró la Última Cena "en una sala grande, dispuesta en el piso superior" (Mc 14,15), en el contexto de la cena pascual judía que es un rito familiar, celebrado en casa y presidido por el padre de familia (o en ausencia de éste, por el hermano mayor: Cf. Rm 8,29).

   En el siguiente artículo ‒perteneciente a los comentaros bíblicos ecuménicos conocidos en lengua alemana como EKK‒ el biblista Peter Stuhlmacher aporta un estudio sobre el desarrollo de las Iglesias domésticas cristianas en el Nuevo Testamento y en los siglos II y III.

LAS IGLESIAS DOMÉSTICAS EN EL CRISTIANISMO PRIMITIVO


domingo, 27 de octubre de 2024

La Trinidad en el nuevo documento de Francisco "Dilexit nos"

 

1. La Trinidad

La reflexión trinitaria se concentra en los números 70 a 77, y tiene un complemento en el número 204.

En 70-77 aparece por primera vez la palabra “trinitarias” (en el título) que aparecerá por segunda y última vez en 204. Nunca se usa la palabra “Trinidad”, ni “Trino”, etc.[1]

2. El Padre

En el número 70 también es donde aparece por primera vez la palabra “Padre” refiriéndose a Dios Padre y en el segmento 70-77 se lo nombra 40 veces (más otras 8 veces en las notas 53, 56 y 57, pertenecientes a este mismo segmento).

En el número 204 es mencionado 2 veces.

Fuera de estos números, el “Padre” es mencionado sólo 5 veces: en 149, 163 (3 veces) y 211.

3. El Espíritu

En el segmento 70-77 el Espíritu es mencionado 14 veces, y una vez más en 204.

Fuera de estos números el Espíritu aparece 15 veces en: 27, 28, 46… 82, 96,102 (6 veces), 109, 121, 137, 159, 174, 204. Nunca se lo menciona en las notas.

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Siendo un documento eminentemente cristocéntrico, omito las referencias al Hijo que son masivas.

En el siguiente enlace podrás bajar el documento “Dilexit nos”: DILEXIT NOS



[1] Aunque en la nota 88 del número 102 se cita el tratado De Trinitate de Novaciano, la cita no es trinitaria pues sólo menciona a Cristo y al Espíritu.

domingo, 20 de octubre de 2024

La refinada estructura de Mc 10,42-45

 

La estructura presenta una arquitectura muy refinada:

            - primero, dos bloques antitéticos: el modo de los poderosos del mundo (42) y el modo que ha de ser “entre ustedes” (43ss).

            - dentro del segundo bloque:

- al comienzo se enuncia un principio: “no de ser así entre ustedes”;

- al final, se presenta un ejemplo conclusivo y concluyente: “como el Hijo del Hombre que no vino para ser servido, sino para servir, y dar su vida…”.

- en medio, dos frases “en crescendo”: “el que quiera ser grande… servidor”

                                                              “el que quiera ser el primero… esclavo de todos

    Y hay que hacer notar que aquí, una vez más, Jesús retoca al Antiguo Testamento: en lugar de un Hijo del Hombre al cual “todos los pueblos, naciones y lenguas le sirven” (Cf. Dn 7,14), Él es un Hijo del Hombre que no vino a ser servido sino a servir… De modo parecido a como acepta de Pedro el título de “Mesías” (8,29) pero enseguida aclara que es un Mesías que no vino a liberar  matando (como David) sino dando su vida…