domingo, 21 de diciembre de 2025

7 veces Emmanuel

   El título “Emmanuel”, es decir, “Dios con nosotros (meth´ hemón ho Theós)” es lo primero que se nos dice de Jesús en el Evangelio según San Mateo. Y también será el cierre de Mt 28,20: “Yo con ustedes estoy (Egó meth´ hymón eimí) todos los días hasta el fin del mundo”.

   En medio del evangelio, Jesús especifica varias presencias especiales:

            1. “El que a ustedes recibe, a mí me recibe, y el que me recibe a mí, recibe al que me envió” (10,40: Cf. 10,14: “…Y si no los reciben ni escuchan sus palabras”; Cf. Lc 10,16).     

2.  “Y cualquiera que recibiere en mi nombre a un niño como éste, a mí me recibe” (18,5).

            3. “…si dos de ustedes se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo… pues donde dos o tres se reúnen en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos.” (18,19s).

            4. “…tuve hambre y me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber… pues cada vez que lo hicieron con uno de mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron” (25,31ss).

            5. “…esto es mi cuerpo… esta es mi sangre… desde ahora no beberé de este producto de la vid hasta el día aquel en que lo beba con ustedes (meth´ hymón), nuevo, en el Reino…” (26,26ss).[1]

    Con lo cual, al estilo de Mateo –que articula su Evangelio y sus textos con el número 7– tenemos que Jesús es Emmanuel de 7 formas complementarias…

   Y también se produce una revelación final: lo que se anunciaba sin un verbo en Mt 1,23 ‒aunque confesando que se trataba de “Dios”‒ se manifiesta con el nombre divino revelado a Moisés en Ex 3,14: “Yo soy (Egó eimí)” pero con una construcción gramatical que insinúa la acogida de la comunidad en medio de la divinidad: “Yo con ustedes estoy (Egó meth´ hymón eimí)” [2]... la comunión eclesial -signo e instrumento de la comunión humana- es acogida en la Comunión de la Trinidad.



[1] Mateo, que no escribe un “tomo 2” de su obra como hace Lucas con Hechos de los Apóstoles, nos propone algo similar a lo que hace Lucas allí. Pues podemos sistematizar estas presencias de Jesús en Mt, con el esquema que nos propone Lucas en Hch 2,42: la enseñanza de los Apóstoles (= Mt 10,40.14), la vida en comunidad donde nadie pasa necesidad (= Mt 18,5.19s; 25,31ss); la fracción del pan (= Mt 26,26ss); las oraciones (= Mt 18,19s).

[2] Recordemos que en griego ‒como sucede en algunos idiomas modernos como el inglés‒ el mismo verbo significa “ser” y “estar”.

sábado, 20 de diciembre de 2025

La sobreabundancia de la naturaleza, espejo de la gracia de Dios

   En una entrevista reciente de Jorge Fontevecchia publicada en el diario Perfil, el filósofo Daniel Milo dice que tuvo un “Eureka” –un descubrimiento iluminador– sobre la sobreabundancia de la naturaleza, al tener noticia de la “exagerada” cantidad de espermatozoides que se producen en un acto sexual.[1]

   Pero no hace falta ir a una observación científica de nivel microscópico para percibir esto, si uno observa la naturaleza pues: ¿Cuántas naranjas necesita producir un naranjo en toda su existencia para asegurar su descendencia?

   Parece que con una sola naranja en toda su vida es suficiente: una naranja contiene 8 o 10 semillas… con que se activen sólo dos, ya duplicamos la población de naranjos del mundo. Entonces: ¿por qué un naranjo produce cientos de naranjas cada año, a lo largo de muchos años?

   Y dos “vueltitas de tuerca” interesantes:

   1. La pulpa de la naranja no es necesaria para la eficiencia de la reproducción. Al naranjo le bastaría con producir la semilla y una cierta cáscara para protegerla. Lo que a nosotros nos alimenta, al naranjo –en principio– no le sirve para mucho.[2]

   2. La mayoría de las frutas maduran en verano. Curiosamente, los cítricos maduran en el invierno, justo cuando los humanos necesitamos vitamina C para fortalecernos ante el clima más frío.

   Esta reflexión sobre el naranjo se aplica a la generalidad de las especies vegetales y animales: las semillas de los cereales hoy producen mucho más que “el ciento por uno” que aparece como lo máximo en los evangelios… pero ya un “treinta por uno” (el mínimo mencionado allí) es un gran negocio…  Y una cabra puede producir dos cabritos cada cinco meses (suelen tener mellizos)…

   Elementos como estos han hecho que algunos científicos hablen del “principio antrópico”: parece que la evolución apunta al surgimiento final del ser humano y que éste –al surgir– tenga un entorno amable y abundante que le permita prosperar fácilmente.[3]

   O, como algún científico ha dicho también: “el fenómeno de la evolución, con la aparición progresiva de formas de vida jerarquizadas piramidalmente y genéticamente conectadas, tiene todas las apariencias de un vasto plan inteligente y suscita la vehemente sospecha de... una Mente omnipotente.” [4]

  A la luz de lo que estamos reflexionando, diría que habría que hablar de una Mente omnipotente, sabia… y muy generosa.



[1] Se puede encontrar la entrevista –fechada el 23 de agosto de este año– tanto en perfil.com, como en spotify y en youtube, etc. Se titula: “Hay una alianza objetiva entre el neodarwinismo y el neoliberalismo”

[2] Se podría encontrar una utilidad colateral de la pulpa sabrosa: al atraer a los animales y hacer que coman los frutos caídos, con su movilidad (y defecación) los animales pueden ayudar a la dispersión de las semillas. Aquí se demuestra una sutil astucia del naranjo…

[3] Cf. Juan Luis Ruiz de la Peña, Teología de la creación, Santander, Sal Terrae, 19872; pp. 245-247, donde menciona a media docena de científicos contemporáneos que hablan del “principio antrópico”.

[4] Ibid. p. 239, citando a Theodosius Dobzhansky.

sábado, 6 de diciembre de 2025

Una meditación sobre la amplitud de la salvación

 

    El teólogo contemporáneo Hans Urs von Balthasar estaba preocupado por encontrar una respuesta equilibrada a una cuestión que tiene varias aristas:

   - Dios quiere que todos los hombres se salven

   - El ser humano es libre y la Revelación afirma la posibilidad de la condenación eterna

   - El destino eterno (salvación o condenación) de cada ser humano tiene que dejar a salvo tanto la misericordia como la justicia de Dios.

   Y habría que agregar un contexto histórico: en un movimiento pendular respecto de épocas anteriores (en que se insistía excesivamente en la posibilidad de la condenación), nuestra época tiene aversión a siquiera nombrarla.[1] Entiendo que Balthasar también es sensible a esta condición epocal.[2]

 

   Con estos contextos, Balthasar afirma que: “Solo una teología bíblica profundizada puede prometer un éxito en este tema”.[3]

   Esta afirmación del teólogo suizo equivale a una confesión implícita: “no puedo encontrar un texto de la Escritura que me ayude a resolver esta cuestión”. Por eso es necesario elaborar una “teología bíblica profundizada”, es decir, un abanico de textos bíblicos sintetizados que ofrezca, como conclusión, una solución a la cuestión planteada.

   Pero a mí me parece que sí hay un texto bíblico que abre al misterio de una “salvación amplia”. El texto está en la Primera Carta de Juan y dice así: “si nuestra conciencia nos reprende, mayor es Dios que nuestra conciencia, y conoce todas las cosas” (3,20).[4]

   El texto es misterioso. Su última frase es misteriosa. Si esa última frase dijera “y Dios es misericordioso” no tendría mayor misterio: estaría diciendo que –aunque yo me juzgara culpable en algún caso– Dios me perdonaría, porque es más misericordioso que yo. Con esto, el texto estaría apelando al amor de Dios, que es expresión de su voluntad. Y no nos ayudaría en la solución que buscamos, pues: ¿y qué sucede con la justicia de Dios?

   Pero el texto no apela a la voluntad de Dios, sino a su sabiduría; no apela al amor de Dios, sino a su conocimiento.

   Con lo cual estaría insinuando que, en los juicios que nosotros hacemos sobre nuestra propia conducta podemos ser menos misericordiosos que Dios, pues nosotros no vemos algunos elementos que Él sí ve (condicionantes de nuestra conducta que no están dentro de nuestro campo de conocimiento)… o sea que estaríamos hablando del inconsciente, 1800 años antes de Freud.

   Esta falta o reducción de nuestro conocimiento, reduce la responsabilidad. Pues es una enseñanza cristiana tradicional afirmar que, para que haya pecado, debe haber conciencia y libertad; y cuanto más plenas sean estas, más responsable es la persona de sus actos, y viceversa (Cf. CCE 1735; 1859s).

    Cuando Jesús desde la Cruz implora perdón para sus propios asesinos dice algo que está en esa misma línea: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lc 23,34).[5]



[1] No obstante, si somos discípulos fieles de Jesús, debemos prestar atención a lo que dice Jesús no sólo en cuanto al contenido general, sino en cuanto a la importancia relativa de cada elemento dentro del conjunto. En este caso, Jesús no habla todo el tiempo de la condenación, pero no deja de mencionarla. Por poner sólo dos ejemplos: en el Evangelio según san Mateo aparece 6 veces la expresión que habla del “llanto y rechinar de dientes” como condición de aquellos que no alcanzan la salvación (Mt 8,12; 13,42.50; etc.). Y en el otro extremo del arco evangélico (Mateo es el más “judaizante” de los evangelistas, mientras que Juan es el más “gnóstico”), en el Evangelio según san Juan leemos: “El que cree en el Hijo, no es condenado; el que no cree, ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios” (Jn 3,18).

[2] Por ejemplo, el Catecismo alemán para adultos afirmaba en 1985: “ni en las Sagradas Escrituras ni en la tradición de fe de la Iglesia se afirma con certeza que algún ser humano esté realmente en el infierno” (en la p. 423 del original alemán).

[3] Hans Urs von Balthasar, Gloria II. Estilos eclesiásticos, Madrid, 1986; p. 130. La frase continúa, diciendo algo que no interesa directamente a nuestro tema: “…que, naturalmente, no se resuelve en una «sistemática» superior”. Este dato, el dato de la cita anterior y el planteo inicial del tema según Balthasar, los debo a la lectura de la tesis de doctorado del Pbro. Ignacio Díaz.

[4] El texto griego dice “kardía”, es decir, “corazón”; pero dada la función judicial que se le adjudica aquí al complejo símbolo semítico del “corazón” (que no tiene nada que ver con nuestro símbolo actual, procedente del movimiento romántico) es pertinente traducirlo como “conciencia”.

[5] Esta frase manifiesta entonces no sólo la misericordia, sino también la sabiduría de Jesús… y su fortaleza: en su agonía, Él se mantiene firme en sus convicciones, aun cuando parece que sus enemigos triunfan. Es más, implícitamente Él proclama una superioridad frente a ellos: “ellos no saben cómo son las cosas en realidad, pero Yo sí”.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Secretaría General del Sínodo: PISTAS PARA LA FASE DE IMPLEMENTACIÓN DEL SINODO

    En el siguiente enlace encontrarán un subsidio, elaborado por la Secretaría permanente del Sínodo (que sigue funcionando junto a otros grupos para seguir avanzando en el camino de la sinodalidad), que ofrece algunos recursos o pistas para ayudar en la fase de implementación 2025-2028.

PISTAS PARA LA FASE DE IMPLEMENTACIÓN DEL SINODO

domingo, 16 de noviembre de 2025

Recursos para la catequesis y la formación cristiana

Encuentro de Formación destinado a Catequistas y Dirigentes como también quienes deseen profundizar en la fe.
A cargo de Jorge Fazzari, Dr en Teología.
Los materiales a compartir son:
- 10 videos de la serie “Catolicismo” del Obispo Robert Barron, con los cuales, en 10 encuentros se puede repasar todo lo importante de la fe y de la vida cristiana (Jesús y su enseñanza, Dios Uno y Trino, María, Pedro y Pablo, la Iglesia, los sacramentos, el cielo, etc.).
- El uso de la película “Hijo de Dios” (para la vida de Jesús y su enseñanza), con material bíblico de apoyo. Y la película “La Cabaña” (para la Trinidad… y también el tema del mal en el mundo y el “más allá), con material catequístico de apoyo.
- Un método catequístico que consiste en relacionar el Evangelio de cada domingo del año (para los tres años del ciclo litúrgico) con textos del Catecismo de la Iglesia Católica: de esto modo, centrados en la Eucaristía dominical, podemos recorrer todos los temas catequísticos.

VIDEO DE LA EXPOSICIÓN



viernes, 24 de octubre de 2025

Videos y powerpoints sobre el Documento Final del Sínodo y Francisco

Anoche concluimos con los estudiantes de tercer año de Ciencias Sagradas, del Instituto para la Formación de Docentes “Pedro Goyena” (Obispado de Lomas de Zamora), el recorrido del Documento Final del Sínodo, asumido por Francisco y refrendado por él.

Agradecemos a todos quienes colaboraron para que esta tarea se realizara, y tuviera difusión.

El modo de la presentación fue como “clase abierta”, es decir, que grupos de alumnos fueron presentando sucesivamente las cinco partes del documento, y yo intervine al final de cada exposición para afianzar o completar  esas  presentaciones, dado que los estudiantes –justamente por ser tales- están aprendiendo y no siempre tienen los elementos que debe tener el docente. Al principio, yo presenté lo referente a la Nota de Acompañamiento de Francisco, y la Introducción del Documento.

Como todo producto humano, es mejorable… pero es algo que queremos compartir para seguir avanzando en el camino de la sinodalidad.

Por si alguien no lo tiene a mano, en el siguiente enlace encontrarán el documento del Sínodo y Francisco: 

DOCUMENTO FINAL - FRANCISCO Y ASAMBLEA SINODAL 2024

En el siguiente enlace encontrarán los cinco powerpoints que los alumnos presentaron en cada clase.

POWERPOINTS SOBRE EL DOCUMENTO FINAL 2024

Y en los siguientes enlaces están los videos con cada una de esas clases, gentileza de “Eclesia” que es nuestro medio de comunicación diocesano.

VIDEO SOBRE LA INTRODUCCIÓN DEL DOCUMENTO

VIDEO DE LA PRIMERA PARTE

VIDEO DE LA SEGUNDA PARTE

VIDEO DE LA TERCERA PARTE

VIDEO DE LA CUARTA PARTE

VIDEO DE LA QUINTA PARTE (PRIMERA SECCIÓN)

VIDEO DE LA QUINTA PARTE (SEGUNDA SECCIÓN)

domingo, 28 de septiembre de 2025

El método de la conversación en el Espíritu

   El Documento Final del Sínodo 2024 asumido por Francisco, y que León XIV sigue impulsando (véase la "entrada destacada" en este mismo blog sobre "La vigencia de la sinodalidad en el pontificado de León XIV) propone como uno de los métodos -o caminos- para el ejercicio de la sinodalidad, el método de la conversación en el Espíritu.

   "La conversación espiritual se centra en la calidad de la capacidad de escucha, así como en la calidad de las palabras pronunciadas. Esto significa prestar atención a los movimientos espirituales en uno mismo y en la otra persona durante la conversación, lo que requiere estar atento a algo más que a las palabras expresadas. Esta cualidad de la atención es un acto de respeto, acogida y hospitalidad hacia los demás tal y como son. Es un enfoque que toma en serio lo que ocurre en el corazón de los que conversan. Hay dos actitudes necesarias que son fundamentales en este proceso: escuchar activamente y hablar desde el corazón."

En el siguiente enlace encontrarán un breve archivo oficial sobre el tema que enseña la práctica de este método.


domingo, 21 de septiembre de 2025

Catequesis sobre los Sacramentos de Iniciación, en clave sinodal

A fines del año pasado, nuestro párroco –Alberto Tamborino– me pidió que diseñara unas catequesis desde los sacramentos, que tuvieran un diseño mensual. Lo siguiente es fruto de lo que se me ocurrió, más algunas interacciones con el propio P. Alberto.

En el enlace que está más abajo encontrarán 4 catequesis que se abren a toda la vida cristiana desde los sacramentos de iniciación.

La primera es una catequesis inicial de Introducción a los sacramentos en general. Y las tres siguientes se basan en el Bautismo, la Eucaristía y la Confirmación.

Modestamente, creo que se puede decir que este aporte responde –al menos parcialmente– a lo que pide el Documento Final del Sínodo 2024 que nos legó Francisco y sigue impulsando el Papa León: “una catequesis sobre la sinodalidad en clave mistagógica” (DF 27, después de hablar –justamente– de estos 3 sacramentos).

La “clave mistagógica” –es decir– de introducción a la liturgia está en los tres temas sacramentales; la dimensión de “sinodalidad” está en el esquema que tienen esas tres catequesis, esquema que surge del Libro de los Hechos de los Apóstoles: “Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones” (Hch 2,42). Al mismo tiempo, este mismo Libro de los Hechos es el gran texto misionero del Nuevo Testamento, al decir del mismo Jesús Resitado: “recibirán la fuerza del Espíritu Santo que descenderá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría, y hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8).

Por eso, cada una de esas tres catequesis sobre los Sacramentos de Iniciación tiene el siguiente esquema:

    1) Nuestra fe sobre ese sacramento (= “la enseñanza de los Apóstoles”).

    2) La celebración del sacramento (= “la fracción del pan y las oraciones”).

    3) Este sacramento y la vida de la Iglesia (= “participar en la vida común”).

    4) Este sacramento y la misión (= “serán mis testigos… hasta los confines de la tierra”).

Cada catequesis está diseñada con cuatro partes, una para cada semana del mes; y cada parte está acompañada de una pequeña tarea complementaria.

  Y, como siempre, el esquema es perfectible, pero por algo se empieza. Peor es nada…

   En el siguiente enlace encontrarán una carpeta con las cuatro catequesis, cada una de las cuales ocupa una hoja A4 (o sea, dos páginas).

CATEQUESIS DESDE LOS SACRAMENTOS DE INICIACIÓN

lunes, 4 de agosto de 2025

“Dilección”: una propuesta para recuperar la riqueza de la palabra “agápe”

   Poco antes de partir, Francisco nos regaló la Carta Encíclica "Dilexit Nos" sobre el amor humano y divino del corazón de Jesús. Allí aparece el verbo "dilexit" que se vincula con el sustantivo "dilectio", como veremos.

   Pocos días después fue electo como nuevo sucesor de Pedro un agustino... y en San Agustín es fundamental el concepto de "dilección", como veremos también...


1. La altura y amplitud de la “agápe

    La palabra “caridad” se ha vaciado de la riqueza original que tenía la palabra “agápe” en el griego del Nuevo Testamento, para terminar significando la atención material a una persona necesitada.

   Y, si bien esto es parte del asunto, es una reducción inmensa de aquella riqueza original. Se podría decir que esa asistencia material es el sexto momento de una realidad que empieza mucho más alto y tiene una riqueza infinita. Porque “caridad (agápe)”:

   1. Designa el Ser de Dios, porque “Dios es Amor (Agápe)” (1Jn 4,8.16); “el Ser mismo de Dios es amor” (CCE 221).

   2. Es el amor mutuo de las Tres Personas Divinas desde antes de la creación del mundo, porque Dios “mismo es una eterna comunicación de amor: Padre, Hijo y Espíritu Santo” (CCE 221).

   3. Es el amor de la Trinidad al hombre. 

   4. Es la respuesta de amor del ser humano a la Trinidad.

   5. Al reconocer a Dios como mi Abbá (Papá) entonces descubro que “todo hombre es mi hermano” (Pablo VI) y comienzo a vivir en una actitud fraterna permanente y universal.

   6. Y si algún hermano está pasando necesidad, entonces lo asisto.

   7. Sabiendo, también, que la caridad es el vínculo escatológico, porque “el amor no pasará jamás” (1Co 13,8).

   Es decir, que tampoco se trata de “la asistencia material a una persona necesitada” como decía al principio, sino del amor fraterno que se hace don también en los bienes materiales, reconociendo la comunión que tengo con un hermano que es tan importante como yo.[1]


2. Dilección

   En algunos párrafos también he usado la palabra “dilección” para traducir “agápe”. Por una razón pedagógica suelo usarla cuando enumero las tres virtudes teologales: “fe, esperanza y dilección”, pues de esta manera ubico en un contexto conocido a una palabra inesperada. Las razones para proponer esta palabra son las siguientes:

   ­‒ desde el punto de vista del uso en la lengua castellana, estoy haciendo algo parecido a lo que hicieron los primeros cristianos con “agápe”: tomo una palabra de nuestro acervo lingüístico que está en desuso y la empujo de nuevo al ruedo del lenguaje actual, para cargarla de la originalidad del amor cristiano que es distinto de otras formas de amor.

    ‒ desde el punto de vista histórico, recupero una palabra que usaron los primeros escritores latinos. Cuando San Agustín leía la Primera Carta de Juan en la Vetus Latina (la Biblia latina anterior a la Vulgata) leía “Deus dilectio est” y no “Deus caritas est”… que es la traducción que eligió San Jerónimo.

    ‒ desde el punto de vista etimológico es una palabra que indica una forma de amor eminentemente espiritual, que implica el ejercicio de la inteligencia y de la voluntad (y no sólo, ni primariamente, del sentimiento). Porque “dilección” implica una “elección”. Y el prefijo “di” (que significa “separación”) es el mismo que tiene la palabra “discernimiento”. Con lo cual se puede decir que la dilección es un amor que implica discernimiento y elección.

   Justamente, una frase conocida de San Agustín –de difícil traducción­– usa esta palabra. La frase suele ser traducida como “Ama y haz lo que quieras”… y en castellano puede significar tantas cosas, que prudentemente he visto que el P. Bernardo Olivera le agrega: “pero no creas que es tan fácil «amar»”. Y Bernardo tiene razón: el latín de Agustín dice “Dilige, et quod vis fac”, usando el verbo correspondiente al sustantivo “dilectio”.

   Nosotros no tenemos un verbo así en castellano; sí tenemos el sustantivo “dilección” y el adjetivo “dilecto”. Pero no es difícil proponer el verbo correspondiente, dado que nuestro sustantivo “elección” tiene su verbo “elegir”. Por lo cual, el verbo sería “dilegir” y se conjugaría como “elegir”. Por ejemplo, la frase de San Agustín sería: “Dilige y haz lo que quieras”.

   (Texto tomado de mi libro: Don y comunión. Una síntesis cristocéntrico-trinitaria de teología y espiritualidad, Temperley, 2023; pp. 112-113).



[1] En su primera encíclica titulada Dios es Amor, Benedicto XVI destacaba esta dimensión espiritual de fraternidad, que es tanto y más necesaria que la dimensión material para reconfortar a un hermano necesitado (Cf. su n° 28, inciso b).

sábado, 26 de julio de 2025

Presentación del libro "Don y Comunión" en la UCA, junto a tres colegas con sus obras

    En el siguiente enlace se puede ver información sobre el evento de presentación de libros, realizado el mes pasado en la Facultad de Teología de la UCA.

PRESENTACIÓN DE LIBROS

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domingo, 13 de julio de 2025

Vigencia de la sinodalidad en el pontificado de León XIV

   Desde la elección del nuevo Obispo de Roma se puede detectar su opción nítida por mantener el dinamismo de la sinodalidad en la Iglesia.

   Aquí iré actualizando esta entrada, incorporando las intervenciones vaya haciendo el Papa León. 

   En los textos que siguen, se puede detectar en los 7 primeros discursos pronunciados en sus primeros dos meses de pontificado que la palabra “sinodalidad” aparece 14 veces; “sinodal” aparece 4 veces; “(práticas) sinodales”, 1 vez. 

   Salvo la primera aparición del Papa León, el mismo día de su elección, y el discurso del 31 de octubre, he recortado en los demás discursos los párrafos que se refieren a la sinodalidad: se los puede encontrar completos en el siguiente enlace: DISCURSOS COMPLETOS 

   Y los contextos son muy ricos: desde su primer encuentro con el colegio de cardenales a pocas horas de su elección, ya planteando el tema (10 de mayo), hasta contextos ecuménicos, interreligiosos, pasando por diálogos con obispos –de Oriente y de Occidente– y con movimientos eclesiales. La amplitud no podría ser más rica… y es que el contexto del Jubileo se presta para estas exposiciones y el Papa León lo está aprovechando con toda prolijidad.

   A continuación, los textos en orden cronológico, comenzando con los más recientes (en atención a quien revise esta entrada periódicamente: así puede ver si hay novedades, rápidamente).



CARTA APOSTÓLICA
UNA FIDELIDAD QUE GENERA FUTURO
DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
CON MOTIVO DEL LX ANIVERSARIO
DE LOS DECRETOS CONCILIARES
OPTATAM TOTIUS
 Y PRESBYTERORUM ORDINIS

 

4. Al mismo tiempo, en los seis decenios transcurridos desde el Concilio, la humanidad ha vivido y sigue viviendo cambios que exigen una verificación constante del camino recorrido y una coherente actualización de las enseñanzas conciliares. Paralelamente, en estos años la Iglesia ha sido conducida por el Espíritu Santo a desarrollar la doctrina del Concilio sobre su naturaleza comunional según la forma sinodal y misionera[3] Con este propósito dirijo la presente Carta apostólica a todo el Pueblo de Dios, para reconsiderar juntos la identidad y la función del ministerio ordenado a la luz de lo que el Señor pide hoy a la Iglesia, prolongando la gran obra de actualización del Concilio Vaticano II. Propongo hacerlo a través de la perspectiva de la fidelidad, que es a la vez gracia de Dios y camino constante de conversión, para corresponder con alegría a la llamada del Señor Jesús. Deseo comenzar expresando gratitud por el testimonio y la entrega de los sacerdotes que, en todas partes del mundo, ofrecen su vida, celebran el sacrificio de Cristo en la Eucaristía, anuncian la Palabra, absuelven los pecados y se dedican día tras día con generosidad a los hermanos y hermanas, sirviendo a la comunión y a la unidad, y cuidando, en particular, de quienes más sufren y pasan necesidad.

 

13. Se trata, por tanto, de custodiar y hacer crecer la vocación en un camino constante de conversión y de renovada fidelidad, que nunca es un recorrido meramente individual, sino que nos compromete a cuidarnos unos a otros. Esta dinámica es siempre, una vez más, obra de la gracia que abraza nuestra frágil humanidad, sanándola del narcisismo y del egocentrismo. Con fe, esperanza y caridad, estamos llamados a emprender cada día el seguimiento poniendo toda nuestra confianza en el Señor. Comunión, sinodalidad y misión no pueden realizarse, en efecto, si en el corazón de los sacerdotes la tentación de la autorreferencialidad no cede el paso a la lógica de la escucha y del servicio. Como subrayó Benedicto XVI, «el sacerdote es siervo de Cristo, en el sentido de que su existencia, configurada ontológicamente con Cristo, asume un carácter esencialmente relacional: está al servicio de los hombres en Cristo, por Cristo y con Cristo. Precisamente porque pertenece a Cristo, el sacerdote está radicalmente al servicio de los hombres: es ministro de su salvación, de su felicidad, de su auténtica liberación, madurando, en esta aceptación progresiva de la voluntad de Cristo, en la oración, en el “estar unido de corazón” a Él». [10]

 

18. Por otra parte, hay que recordar que la comunión presbiteral nunca puede determinarse como un aplanamiento de los individuos, de los carismas o de los talentos que el Señor ha derramado en la vida de cada uno. Es importante que, en los presbiterios diocesanos, gracias al discernimiento del obispo, se logre encontrar un punto de equilibrio entre la valorización de estos dones y la custodia de la comunión. La escuela de la sinodalidad, en esta perspectiva, puede ayudar a todos a madurar interiormente la acogida de los diferentes carismas en una síntesis que consolide la comunión del presbiterio, fiel al Evangelio y a las enseñanzas de la Iglesia. En un tiempo de gran fragilidad, todos los ministros ordenados están llamados a vivir la comunión volviendo a lo esencial y acercándose a las personas, para custodiar la esperanza que se hace realidad en el servicio humilde y concreto…

 

Fidelidad y sinodalidad

20. Llego a un punto que me interesa especialmente. Al hablar de la identidad de los sacerdotes, el Decreto Presbyterorum ordinis destaca ante todo el vínculo con el sacerdocio y la misión de Jesucristo (cf. n. 2) y señala luego tres coordenadas fundamentales: la relación con el obispo, que encuentra en los presbíteros «colaboradores y consejeros necesarios», con los que mantiene una relación fraterna y amistosa (cf. n. 7); la comunión sacramental y la fraternidad con los demás presbíteros, de modo que juntos contribuyan «a una misma obra» y ejerzan «un único ministerio», trabajando todos «por la misma causa», aunque se ocupen de tareas diferentes (n. 8); la relación con los fieles laicos, entre los cuales los presbíteros, con su tarea específica, son hermanos entre hermanos, compartiendo la misma dignidad bautismal, uniendo «sus esfuerzos a los de los fieles laicos» y aprovechando «su experiencia y competencia en los diversos campos de la actividad humana, para poder reconocer juntos los signos de los tiempos». En lugar de destacar o concentrar todas las tareas en sí mismos, «descubran con el sentido de la fe los multiformes carismas de los seglares, tanto los humildes como los más elevados» (n. 9).

21. En este campo aún queda mucho por hacer. El impulso del proceso sinodal es una fuerte invitación del Espíritu Santo a dar pasos decididos en esta dirección. Por eso reitero mi deseo de «invitar a los sacerdotes […] a abrir de alguna manera su corazón y a participar en estos procesos» [19] que estamos viviendo. En este sentido, la segunda sesión de la XVI Asamblea sinodal, en su Documento final[20] propuso una conversión de las relaciones y los procesos. Parece fundamental que, en todas las Iglesias particulares, se emprendan iniciativas adecuadas para que los presbíteros puedan familiarizarse con las directrices de este Documento y experimentar la fecundidad de un estilo sinodal de Iglesia.

22. Todo ello requiere un compromiso formativo a todos los niveles, en particular en el ámbito de la formación inicial y permanente de los sacerdotes. En una Iglesia cada vez más sinodal y misionera, el ministerio sacerdotal no pierde nada de su importancia y actualidad, sino que, por el contrario, podrá centrarse más en sus tareas propias y específicas. El desafío de la sinodalidad —que no elimina las diferencias, sino que las valoriza— sigue siendo una de las principales oportunidades para los sacerdotes del futuro. Como recuerda el citado Documento final, «los presbíteros están llamados a vivir su servicio con una actitud de cercanía a las personas, de acogida y de escucha de todos, abriéndose a un estilo sinodal» (n. 72). Para implementar cada vez mejor una eclesiología de comunión, es necesario que el ministerio del presbítero supere el modelo de un liderazgo exclusivo, que determina la centralización de la vida pastoral y la carga de todas las responsabilidades confiadas sólo a él, tendiendo hacia una conducción cada vez más colegiada, en la cooperación entre los presbíteros, los diáconos y todo el Pueblo de Dios, en ese enriquecimiento mutuo que es fruto de la variedad de carismas suscitados por el Espíritu Santo. Como nos recuerda Evangelii gaudium, el sacerdocio ministerial y la configuración con Cristo Esposo no deben llevarnos a identificar la potestad sacramental con el poder, ya que «la configuración del sacerdote con Cristo Cabeza —es decir, como fuente capital de la gracia— no implica una exaltación que lo coloque por encima del resto». [21]

26. En cualquier situación, los presbíteros están llamados a dar una respuesta eficaz, mediante el testimonio de una vida sobria y casta, al gran anhelo de relaciones auténticas y sinceras que se encuentra en la sociedad contemporánea, dando testimonio de una Iglesia que sea «ser fermento eficaz de los vínculos, las relaciones y la fraternidad de la familia humana», «capaz de alimentar las relaciones: con el Señor, entre hombres y mujeres, en las familias, en las comunidades, entre todos los cristianos, entre los grupos sociales, entre las religiones». [26] Para ello es necesario que sacerdotes y laicos, todos juntos, realicen una verdadera conversión misionera que oriente a las comunidades cristianas, bajo la guía de sus pastores, «al servicio de la misión que los fieles llevan a cabo en la sociedad, en la vida familiar y laboral». Como observó el Sínodo, «de este modo, quedará más claro que la parroquia no está centrada en sí misma, sino orientada a la misión y llamada a apoyar el compromiso de tantas personas que, de diferentes maneras, viven y dan testimonio de su fe en su profesión y en las actividades sociales, culturales y políticas». [27]

 

 

 

DISCURSO DEL SANTO PADRE A LOS PERIODISTAS
DURANTE EL VUELO DE REGRESO DESDE LÍBANO

Vuelo papal
Martes, 2 de diciembre de 2025

 

Pregunta: Ana Giordano - ARD Radio

La Iglesia en el Líbano también cuenta con el apoyo de la Iglesia alemana. Por ejemplo, hay algunas agencias de ayuda alemanas muy activas en el Líbano. Desde ese punto de vista, es importante que la Iglesia alemana sea fuerte. Probablemente Usted sabe que existe el Camino Sinodal, que llamamos Synodaler Weg, un proceso de cambio que se está llevando a cabo en la Iglesia alemana. ¿Cree que este proceso puede ser una forma de fortalecer la Iglesia en Alemania? ¿O es al revés? ¿Y por qué?

Responde: Papa León XIV

El Camino Sinodal no es exclusivo de Alemania, toda la Iglesia ha celebrado un Sínodo sobre la sinodalidad durante los últimos años. Hay algunas similitudes importantes, pero también hay algunas diferencias notables entre cómo se ha llevado a cabo el Synodaler Weg en Alemania y cómo podría continuar en la Iglesia universal. Por un lado, diría que sin duda hay espacio para el respeto por la inculturación. El hecho de que en un lugar se viva la sinodalidad de una determinada manera y en otro se viva de otra manera no significa que vaya a haber una ruptura o una fractura. Creo que es muy importante recordar esto. Al mismo tiempo, soy consciente de que muchos católicos en Alemania creen que ciertos aspectos del Camino Sinodal que se ha celebrado en Alemania hasta ahora no representan su propia esperanza para la Iglesia ni su propia forma de vivir la Iglesia. Por lo tanto, es necesario seguir dialogando y escuchando dentro de la propia Alemania, para que no se excluya la voz de nadie, y que la voz de los más poderosos no silencie o ahogue la voz de aquellos que también pueden ser muy numerosos, pero que no tienen un lugar para expresarse y hacer oír sus propias voces y sus propias expresiones de participación en la Iglesia. A la vez, como seguramente sabrán, el grupo de obispos alemanes se ha reunido, durante los últimos dos años, con un grupo de cardenales de la Curia romana. Allí también hay un proceso en marcha para tratar de garantizar que el Camino Sinodal alemán no se aleje, por así decirlo, de lo que debe considerarse como el camino de la Iglesia universal. Estoy seguro de que continuará. Supongo que se harán algunos ajustes por ambas partes en Alemania, pero sin duda espero que las cosas salgan bien.


ENCUENTRO CON LOS OBISPOS ITALIANOS AL TÉRMINO 
DE LA 81.ª ASAMBLEA GENERAL DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL ITALIANA
[17-20 de noviembre de 2025] 

DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

Basílica de Santa María de los Ángeles de Asís
Jueves, 20 de noviembre de 2025

 

…Queridos hermanos, en nuestro anterior encuentro señalé algunas coordenadas para ser una Iglesia que encarna el Evangelio y es signo del Reino de Dios: el anuncio del mensaje de salvación, la construcción de la paz, la promoción de la dignidad humana, la cultura del diálogo, la visión antropológica cristiana. Hoy quisiera subrayar que estas instancias corresponden a las perspectivas surgidas en el Camino sinodal de la Iglesia en Italia. A ustedes, obispos, les corresponde ahora trazar las líneas pastorales para los próximos años, por lo que deseo ofrecerles algunas reflexiones para que crezca y madure un espíritu verdaderamente sinodal en las Iglesias y entre las Iglesias de nuestro país.

En primer lugar, no olvidemos que la sinodalidad indica el «caminar juntos de los cristianos con Cristo y hacia el Reino de Dios, en unión con toda la humanidad» (Documento final de la Segunda Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, 28). Del Señor recibimos la gracia de la comunión que anima y da forma a nuestras relaciones humanas y eclesiales.

En cuanto al reto de una comunión efectiva, deseo que todos se comprometan para que tome forma el rostro de una Iglesia “colegiada”, que comparte pasos y opciones comunes. En este sentido, los retos de la evangelización y los cambios de las últimas décadas, que afectan al ámbito demográfico, cultural y eclesial, nos piden que no demos marcha atrás en el tema de las fusiones de diócesis, sobre todo allí donde las exigencias del anuncio cristiano nos invitan a superar ciertos límites territoriales y a hacer más abiertas nuestras identidades religiosas y eclesiales, aprendiendo a trabajar juntos y a repensar la acción pastoral uniendo fuerzas. Al mismo tiempo, observando la fisonomía de la Iglesia en Italia, encarnada en los diferentes territorios, y considerando el esfuerzo y, a veces, la desorientación que estas decisiones pueden provocar, espero que los obispos de cada región realicen un discernimiento cuidadoso y, tal vez, logren sugerir propuestas realistas sobre algunas de las pequeñas diócesis que cuentan con pocos recursos humanos, para evaluar si pueden continuar ofreciendo su servicio y de qué manera.

Lo importante es que, en este estilo sinodal, aprendamos a trabajar juntos y que en las Iglesias particulares nos comprometamos todos a construir comunidades cristianas abiertas, hospitalarias y acogedoras, en las que las relaciones se traduzcan en una responsabilidad mutua en favor del anuncio del Evangelio.

La sinodalidad, que implica un ejercicio efectivo de la colegialidad, requiere no solo la comunión entre ustedes y conmigo, sino también una escucha atenta y un discernimiento serio de las instancias que provienen del pueblo de Dios. En este sentido, la coordinación entre el Dicasterio para los Obispos y la Nunciatura Apostólica, con miras a una corresponsabilidad común, debe poder promover una mayor participación de las personas en la consulta para el nombramiento de nuevos obispos, además de la escucha de los ordinarios en funciones en las Iglesias locales y de aquellos que se disponen a terminar su servicio.

También sobre este último aspecto, permítanme ofrecerles algunas indicaciones. Una Iglesia sinodal, que camina por los surcos de la historia afrontando los retos emergentes de la evangelización, necesita renovarse constantemente. Hay que evitar que, aunque sea con buenas intenciones, la inercia frene los cambios necesarios. A este respecto, todos nosotros debemos cultivar la actitud interior que el papa Francisco ha definido como «aprender a despedirse», una actitud muy valiosa cuando hay que prepararse para dejar el cargo. Es bueno que se respete la norma de los 75 años para la conclusión del servicio de los Ordinarios en las diócesis y, solo en el caso de los cardenales, se podrá evaluar la continuación del ministerio, eventualmente por otros dos años.

Queridos hermanos, volviendo al horizonte de la misión de la Iglesia en Italia, los exhorto a recordar el camino recorrido después del Concilio Vaticano II, marcado por las Convenciones eclesiásticas nacionales. Y los exhorto a preocuparse de que sus comunidades, diocesanas y parroquiales, no pierdan la memoria, sino que la mantengan viva, porque esto es esencial en la Iglesia: recordar el camino que el Señor nos hace recorrer a través del tiempo en el desierto (cf. Dt 8).

En esta perspectiva, la Iglesia en Italia puede y debe seguir promoviendo un humanismo integral, que ayude y sostenga los caminos existenciales de las personas y de la sociedad; un sentido de lo humano que exalte el valor de la vida y el cuidado de cada criatura, que intervenga proféticamente en el debate público para difundir una cultura de la legalidad y la solidaridad.

No hay que olvidar en este contexto el desafío que nos plantea el universo digital. La pastoral no puede limitarse a «utilizar» los medios de comunicación, sino que debe educar para habitar lo digital de manera humana, sin que la verdad se pierda tras la multiplicación de las conexiones, para que la red pueda ser verdaderamente un espacio de libertad, responsabilidad y fraternidad.

Caminar juntos, caminar con todos, significa también ser una Iglesia que vive entre la gente, acoge sus preguntas, alivia sus sufrimientos, comparte sus esperanzas. Sigan estando cerca de las familias, de los jóvenes, de los ancianos, de quienes viven en soledad. Continúen dedicándose al cuidado de los pobres: las comunidades cristianas arraigadas de manera capilar en el territorio, los numerosos agentes pastorales y voluntarios, las Cáritas diocesanas y parroquiales ya hacen un gran trabajo en este sentido y les estoy agradecido.

En esta línea de cuidado, quisiera recomendar también que se preste atención a los más pequeños y vulnerables, para que se desarrolle también una cultura de prevención de toda forma de abuso. La acogida y la escucha de las víctimas son el rasgo auténtico de una Iglesia que, en la conversión comunitaria, sabe reconocer las heridas y se compromete a aliviarlas, porque «donde el dolor es profundo, aún más fuerte debe ser la esperanza que nace de la comunión» (Vigilia del Jubileo de la Consolación, 15 de septiembre de 2025). Les agradezco lo que ya han hecho y los animo a continuar con su compromiso en la protección de los menores y los adultos vulnerables.

Queridos hermanos, en este lugar, San Francisco y los primeros frailes vivieron plenamente lo que, en lenguaje actual, llamamos «estilo sinodal». Juntos, de hecho, compartieron las diferentes etapas de su camino; juntos se dirigieron al papa Inocencio III; juntos, año tras año, perfeccionaron y enriquecieron el texto inicial que había sido presentado al Pontífice, compuesto, según Tomás de Celano, «sobre todo de expresiones del Evangelio» (1Cel 32: FF 372), hasta convertirlo en lo que hoy conocemos como la primera Regla. Esta convicta elección de la fraternidad, que es el corazón del carisma franciscano junto con la minoridad, fue inspirada por una fe intrépida y perseverante.

Que el ejemplo de San Francisco nos dé también a nosotros la fuerza para tomar decisiones inspiradas en una fe auténtica y para ser, como Iglesia, signo y testimonio del Reino de Dios en el mundo. ¡Gracias!
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Boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, 20 de noviembre de 2025

 


DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS MIEMBROS DEL
"INTERNATIONAL YOUTH ADVISORY BODY"
(ORGANISMO CONSULTIVO INTERNACIONAL DE LOS JÓVENES - IYAB) 
del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida

Sala de los Papas
Viernes, 31 de octubre de 2025

[Multimedia]

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Queridos jóvenes, ¡buenos días y bienvenidos!

Han sido invitados a formar parte de un organismo consultivo, el International Youth Advisory Body (IYAB), vinculado al Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, cuyo objetivo es dar a conocer a la Santa Sede el «punto de vista de los jóvenes» sobre diversos temas que están en el centro de la misión de la Iglesia. Les agradezco su disponibilidad y su compromiso para dialogar y reflexionar juntos, como han hecho estos días, para ofrecer su contribución a los colaboradores del Papa en la Curia Romana. Comparto con ustedes tres breves reflexiones sobre la participación, la sinodalidad y la misión.

Participación

Para cumplir con su tarea, están llamados ante todo a sentirse partícipes de la vida y la misión de la Iglesia, que, como bien saben, es una misión universal, es decir, dirigida a todos los hombres y mujeres, de todas las zonas geográficas, de todas las culturas y condiciones sociales. ¿De dónde nace la auténtica participación eclesial? Yo diría que nace de la cercanía al Corazón de Cristo. Es decir, tiene una raíz espiritual, no ideológica ni política.

En su oración dirigida al Padre poco antes de morir, que nos ha sido transmitida por el Evangelio de Juan, Jesús dice: «No ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí. Que todos sean uno.» (Jn 17, 20-21).

Jesús no se interesa solo por el círculo reducido de discípulos que tiene delante, sino que mira más allá: su pensamiento se dirige a todos los seres humanos, incluso a los que están lejos, incluso a los que vendrán en el futuro. Desearía que todos se abrieran a la palabra de salvación que sus discípulos llevarán y que todos encontraran en ella la unidad de la fe y del amor recíproco. En una palabra, el Señor lleva siempre en su corazón al mundo entero. Aquí está la fuente de la participación.

Quien está cerca de Jesús, quien se hace su amigo en la oración, a través de los sacramentos y en la vida cotidiana, comienza a sentir como Él siente; comienza a llevar en su corazón al mundo entero: nada le es ajeno, ninguna persona le es indiferente. Los sufrimientos de los demás, sus necesidades, sus aspiraciones le conciernen, lo tocan. De ahí surge el deseo de participar, de sentirse parte de la misión universal de la Iglesia, dirigida a todos. Esta implicación es también un signo de madurez humana y espiritual: el niño solo se preocupa por sus propias necesidades, la persona madura sabe compartir los problemas de los demás y los hace suyos.

También ustedes, entonces, están llamados a esta madurez y están invitados a «sumergirse» en Cristo, para sentir como Él siente y ver como Él ve. En particular, les interesan las expectativas y las dificultades de los jóvenes, de todos los jóvenes de nuestro tiempo, a quienes exhorto a mirar con la compasión de Cristo, tratando de imaginar cómo, a partir de nuestra fe, la Iglesia puede salir al encuentro de ellos.

Sinodalidad

Un segundo aspecto: la sinodalidad. Saben que la sinodalidad es una de las formas de poner en práctica la naturaleza de la Iglesia, que es comunión. A imagen de la Santísima Trinidad, también la Iglesia es una comunión de personas: fieles de todas las edades, lenguas y nacionalidades que caminan juntos, se enriquecen mutuamente y ponen en común los bienes espirituales propios de cada uno.

En la Iglesia sinodal, por lo tanto, se quiere escuchar lo que el Espíritu Santo dice a los jóvenes, se quiere acoger sus carismas, los dones específicos de su edad y de su sensibilidad.

En la Iglesia sinodal, los jóvenes también están llamados a ser portavoces de sus coetáneos. A través de ustedes, de hecho, también se quiere prestar atención a las voces de los jóvenes más débiles, más pobres, de los que están solos, de los refugiados, de los que luchan por integrarse en la sociedad y acceder a las oportunidades educativas, voces que con demasiada frecuencia son ahogadas por el ruido de los poderosos, de los que tienen éxito, de los que viven en realidades «exclusivas».

Por otro lado, la Iglesia sinodal para los jóvenes es también un desafío, podríamos decir una provocación, porque los impulsa a no vivir la fe de forma aislada. Saben que en los últimos años muchos jóvenes se han acercado a la fe a través de las redes sociales, mediante programas de éxito y testimonios cristianos muy populares en la web. Sin embargo, existe el riesgo de que la fe conocida en línea siga siendo una experiencia solo individual, que tranquiliza intelectual y emocionalmente, pero que nunca se convierte en «cuerpo», permanece desencarnada, es decir, separada del «cuerpo eclesial», no se vive con los demás, en la concreción de las situaciones de la vida, de las relaciones y del compartir realmente. Los algoritmos de las redes sociales crean con demasiada frecuencia solo una caja de resonancia del sujeto, o sea, captan las preferencias y los gustos personales y los «devuelven» amplificados, enriquecidos con propuestas atractivas. Pero cada uno se queda solo consigo mismo, prisionero de sus propias inclinaciones y proyecciones.

En este sentido, las experiencias de sinodalidad vivida superan las barreras del yo y estimulan a los jóvenes a convertirse en miembros efectivos de la familia de Jesucristo para «vivir la fe juntos y expresar nuestro amor en una vida comunitaria, compartiendo con otros jóvenes nuestro afecto, nuestro tiempo, nuestra fe y nuestras inquietudes. La Iglesia ofrece muchos espacios diversos para vivir la fe en comunidad, porque todo es más fácil juntos.» (Exhort. ap. postsin. Christus vivit, 164).

Misión

Un último aspecto: la misión. La sinodalidad, cuando es auténtica, desemboca en la misión. En el corazón de la sinodalidad está, de hecho, la acción del Espíritu Santo. No se trata de un procedimiento de asamblea, sino de una forma de dar espacio a la acción de Dios, a través de la escucha del Espíritu. El Espíritu Santo siempre quiere «guiarnos a la verdad completa» (cf. Jn 16,13), es decir, acoger cada vez más profundamente a Jesús, que es la Verdad, y «les recordará todo lo que Él les ha dicho» (cf. Jn 14,26), actualizando sus palabras en el hoy. El Espíritu, por tanto, orienta hacia la misión.

También ustedes tendrán la oportunidad de experimentar cómo la oración en común, la escucha y el diálogo ayudan a comprender cómo hacer presente el Evangelio en el mundo de hoy. Este es el discernimiento eclesial para la misión: comprender en cada época cómo hacer llegar el Evangelio a todos.

Todo esto requiere de ustedes, jóvenes, un corazón dispuesto a escuchar tanto las «inspiraciones» del Espíritu como las «aspiraciones» profundas de cada persona, más allá de las apariencias, para buscar las verdaderas respuestas que dan sentido a la vida; un corazón abierto a la llamada de Dios y no fijado en sus propios proyectos, dócil a comprender y compadecerse antes de juzgar. La perspectiva de la misión exige también la libertad de los temores, porque el Señor ama llamarnos a recorrer caminos nuevos. Y ustedes, los jóvenes, pueden ser, en este sentido, maestros de creatividad y de valentía.

Les agradezco, pues, la contribución que darán a la misión: será un suplemento de energía y de impulso al corazón misionero de la Iglesia. Su organización, de hecho, forma parte de ese movimiento espiritual más amplio —que comprende las Jornadas Mundiales de la Juventud, la pastoral juvenil ordinaria, los nuevos movimientos juveniles— que mantiene siempre joven a la Iglesia.

Queridos jóvenes, ustedes representan a muchos de sus coetáneos y, a través de ustedes, también ellos pueden «hablar» a la Iglesia. Estén seguros de que su voz es escuchada y tomada en serio. Su contribución, su presencia, es valiosa. Que el Espíritu Santo los guíe, les ilumine y los fortalezca en la alegría del testimonio cristiano. Los bendigo de corazón.


DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
       A LOS PARTICIPANTES EN EL JUBILEO DE LOS EQUIPOS SINODALES Y DE LOS ÓRGANOS DE PARTICIPACIÓN

 Aula Pablo VI
Viernes, 24 de octubre de 2025

Multimedia: JUBILEO DE LOS EQUIPOS SINODALES Y ÓRGANOS DE PARTICIPACIÓN 


ENCUENTRO CON LOS PARTICIPANTES EN EL JUBILEO DE LA VIDA CONSAGRADA

DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV  

Aula Pablo VI
Viernes, 10 de octubre de 2025

 

Sin embargo, me gustaría invitarles a reflexionar sobre otro tema importante para la Iglesia de nuestro tiempo: el de la sinodalidad, exhortándoles a permanecer fieles al camino que todos estamos recorriendo en esta dirección. San Pablo VI hablaba de ello en términos muy hermosos. Escribía: «¡Cuánto desearíamos disfrutar en plenitud de fe, de caridad, de obras este diálogo doméstico; cuánto desearíamos que fuera intenso y familiar! ¡Cuán sensible a todas las verdades, a todas las virtudes, a todas las realidades de nuestro patrimonio doctrinal y espiritual! ¡Cuán sincero y conmovedor en su genuina espiritualidad! ¡Cuán dispuesto a recoger las múltiples voces del mundo contemporáneo! ¡Cuán capaz de hacer de los católicos hombres verdaderamente buenos, hombres sabios, hombres libres, hombres serenos y fuertes!». (Carta enc. Ecclesiam suam, 6 agosto 1964, 117). Es la descripción de una misión apasionante: un «diálogo doméstico» que hoy se confía también a ustedes, es más, a ustedes de manera especial, para una continua renovación del Cuerpo de Cristo en las relaciones, en los procesos, en los métodos. Su vida, la forma misma en que están organizados, el carácter frecuentemente internacional e intercultural de sus Institutos, los colocan de hecho en una condición privilegiada para poder vivir cotidianamente valores como la escucha recíproca, la participación, el intercambio de opiniones y capacidades, la búsqueda común de caminos según la voz del Espíritu.

De todo esto, la Iglesia les pide hoy que sean testigos especiales en las diferentes dimensiones de su vida, en primer lugar, caminando en comunión con toda la gran familia de Dios, sintiéndola como Madre y Maestra, compartiendo en ella la alegría de su vocación y también, cuando sea necesario, superando divisiones, perdonando injusticias sufridas, pidiendo perdón por las cerrazones provocadas por la autorreferencialidad. Trabajen para convertirse, día a día, cada vez más en «expertos en sinodalidad», para ser profetas al servicio del pueblo de Dios.


DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN LOS ENCUENTROS PROMOVIDOS
POR EL CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO (CELAM),
LA PONTIFICIA ACADEMIA PARA LA VIDA
Y EL INSTITUTO JUAN PABLO II 

Sala del Consistorio
Viernes, 19 de septiembre de 2025

En el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.

La paz esté con ustedes.

Muy buenos días, perdonen que llego un poco atrasado, gracias por la paciencia. Vamos a compartir unos pocos momentos, pero es un gusto.

Estoy contento de recibirlos hoy en el hogar de Pedro, el hogar de la Iglesia donde todos debemos sentirnos una gran familia reunidos en torno al fuego de su amor. Ustedes han dialogado durante estos días siguiendo un método sinodal, reflexionando sobre algunas cuestiones de actualidad que afectan la vida familiar. Vivir la sinodalidad en la familia requiere “caminar juntos”, compartiendo penas y alegrías, dialogando respetuosa y sinceramente entre todos sus miembros, aprendiendo a escucharse y a llegar a tomar las decisiones familiares importantes para todos.

Siguiendo este tema, y como diría nuestro querido Papa Francisco, les propongo tres palabras para reflexionar juntos: jubileo, esperanza y familia.



ÁNGELUS

Plaza de San Pedro 
Domingo, 14 de septiembre de 2025

Después del Ángelus

Queridos hermanos y hermanas:

Mañana celebramos el 60 aniversario de la instauración del Sínodo de los Obispos, una institución profética de san Pablo VI, para que los obispos pudiesen ejercitar más y mejor la comunión con el Sucesor del Pedro. Deseo que esta celebración renueve el compromiso por la unidad, por la sinodalidad y la misión de la Iglesia.

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En el cierre del Curso Anual de Formación para nuevos Obispos, que se realizó del 3 al 11 de septiembre, el auxiliar de la diócesis de Lomas de Zamora, monseñor Fernando Rodríguez, saludó al Papa León XIV. 

Tras el encuentro con el Sumo Pontífice, monseñor Rodríguez dijo que a los miembros de la Iglesia diocesana “los tuve muy presentes” y remarcó: “Nos insistieron que fuimos elegidos por Francisco y confirmados por León para ser impulsores de la sinodalidad”.

Oficina de prensa Diócesis Lomas de Zamora

oficinadeprensa@ilomas.org.ar

15 de septiembre de 2025

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DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL CONGRESO MARIOLÓGICO MARIANO INTERNACIONAL

Aula Pablo VI
Sábado, 6 de septiembre de 2025

 

...En este 26.º Congreso se han preguntado si una Iglesia con rostro mariano es un residuo del pasado o una profecía del futuro, capaz de sacudir las mentes y los corazones de la costumbre y el pesar de una «sociedad cristiana» que ya no existe. Han debatido sobre los fines y los valores que el culto mariano propone a los creyentes, para verificar si están al servicio de la esperanza y la consolación que la Iglesia tiene el deber de anunciar. Han reconocido en el jubileo y en la sinodalidad dos categorías bíblicas y teológicas para expresar de manera eficaz la vocación y la misión de la Madre del Señor.

Como mujer «jubilar», María nos parece siempre capaz de empezar de nuevo a partir de la escucha de la Palabra, según la actitud descrita por San Agustín: «Cada uno te consulta lo que quiere, pero no siempre oye la respuesta que quiere. Tu siervo más fiel es aquel que no busca oír de ti lo que quiere, sino querer lo que oye de ti» (Confesiones, X, 26). Como mujer «sinodal», está plena y maternalmente involucrada en la acción del Espíritu Santo, que llama a caminar juntos, como hermanos y hermanas, a quienes antes creían tener razones para permanecer separados en su recíproca desconfianza e incluso enemistad (cf. Mt 5, 43-48)...

 

MENSAJE DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

A LOS PARTICIPANTES EN LA SEMANA SOCIAL EN PERÚ

[Lima, 14 al 16 de agosto de 2025]

“…¿cómo no recordar el ministerio episcopal de santo Toribio de Mogrovejo, español por nacimiento, pero evidentemente peruano por su actividad misionera y su extensísima labor pastoral? En el curso de su episcopado fundó un centenar de parroquias, convocó un Concilio Panamericano, dos consejos provinciales y doce sínodos diocesanos; todo ello mientras entregaba día a día lo mejor de sus fuerzas en favor de los abandonados y de quienes habitaban aquellas regiones geográficas o culturales que mi Predecesor, el Papa Francisco, llamaba “las periferias”. Podemos decir que Toribio fue, en el siglo XVI, el símbolo episcopal de la auténtica sinodalidad y del Evangelio ofrecido en las periferias. Las tierras peruanas lo vieron no sólo en el fragor de una acción apostólica que todavía hoy nos asombra; sino también en la quietud de su rostro sereno y su aspecto recogido y devoto, que mostraban bien de dónde le venía esa fuerza: de una intensa oración y unión con Dios.”

 


DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL ENCUENTRO INTERNACIONAL
SACERDOTES FELICES - « YO LOS LLAMO AMIGOS» (Jn 15,15)
PROMOVIDO POR EL DICASTERIO PARA EL CLERO

Auditorio Conciliazione, Roma 
Jueves, 26 de junio de 2025

n segundo lugar, la fraternidad es un estilo esencial de la vida presbiteral. Convertirse en amigos de Cristo implica vivir como hermanos entre sacerdotes y entre obispos, no como competidores o de forma individualista. La formación debe ayudar a construir vínculos sólidos en el presbiterio como expresión de una Iglesia sinodal, en la que se crece juntos compartiendo las fatigas y las alegrías del ministerio. De hecho, ¿cómo podríamos nosotros, ministros, ser constructores de comunidades vivas, si no reinara ante todo entre nosotros una fraternidad efectiva y sincera?

Además, formar sacerdotes amigos de Cristo significa formar hombres capaces de amar, escuchar, orar y servir juntos. Por eso es necesario especialmente cuidar la preparación de los formadores, porque la eficacia de su trabajo depende ante todo del ejemplo de vida y de la comunión entre ellos. La misma institución de los seminarios nos recuerda que la formación de los futuros ministros ordenados no puede llevarse a cabo de manera aislada, sino que requiere la participación de todos los amigos y las amigas del Señor que viven como discípulos misioneros al servicio del Pueblo de Dios.


JUBILEO DE LOS OBISPOS

DISCURSO DEL SANTO PADRE A LOS OBISPOS,
CON OCASIÓN DE SU JUBILEO 

Basílica de San Pedro, Altar de la Cátedra
Miércoles, 25 de junio de 2025

La prudencia pastoral es la sabiduría práctica que guía al Obispo en sus decisiones, en el gobierno, en las relaciones con los fieles y con sus asociaciones. Una clara señal de prudencia es el ejercicio del diálogo como estilo y método en las relaciones, y también en la presidencia de los organismos de participación, es decir, en la gestión de la sinodalidad en la Iglesia particular. En este aspecto, el Papa Francisco nos ha hecho dar un gran paso adelante, insistiendo, con sabiduría pedagógica, en la sinodalidad como dimensión de la vida de la Iglesia. La prudencia pastoral permite al obispo guiar a la comunidad diocesana valorizando sus tradiciones y promoviendo nuevos caminos y nuevas iniciativas.

 

VIGILIA DE PENTECOSTÉS CON MOVIMIENTOS, ASOCIACIONES Y NUEVAS COMUNIDADES

HOMILÍA DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

Plaza de San Pedro
Sábado, 7 de junio de 2025
 

En Pentecostés María, los Apóstoles, las discípulas y los discípulos que con ellos fueron colmados con un Espíritu de unidad, que radicaba para siempre sus diversidades en el único Señor Jesucristo. No muchas misiones, sino una única misión. No introvertidos y belicosos, sino extrovertidos y luminosos. Esta Plaza de San Pedro, que es como un abrazo abierto y acogedor, expresa magníficamente la comunión de la Iglesia, experimentada por cada uno de ustedes en las distintas experiencias asociativas y comunitarias, muchas de las cuales representan frutos del Concilio Vaticano II.

La tarde de mi elección, mirando con conmoción al pueblo de Dios aquí reunido, recordé la palabra “sinodalidad”, que expresa felizmente el modo en el cual el Espíritu modela la Iglesia. En esta palabra resuena el syn —que quiere decir con— que constituye el secreto de la vida de Dios. Dios no es soledad. Dios es “con” en sí mismo —Padre, Hijo y Espíritu Santo— y es Dios con nosotros. Al mismo tiempo, sinodalidad nos recuerda el camino —odós— porque donde está el Espíritu hay movimiento, hay camino. Somos un pueblo en camino. Esta conciencia no nos aleja, sino que nos sumerge en la humanidad, como levadura en la masa, que la fermenta toda. El año de gracia del Señor, del que es expresión el Jubileo, tiene en sí este fermento. En un mundo quebrantado y sin paz el Espíritu Santo nos educa a caminar juntos. La tierra descasará, la justicia se afirmará, los pobres se alegrarán y la paz volverá si dejamos de movernos como predadores y comenzamos a hacerlo como peregrinos. Ya no cada uno por su cuenta, sino armonizando nuestros pasos con los pasos de los demás. No consumiendo el mundo con voracidad, sino cultivándolo y custodiándolo, como nos enseña la Encíclica Laudato si’.

Queridos hermanos y hermanas, Dios ha creado el mundo para que nosotros estuviésemos juntos. “Sinodalidad” es el nombre eclesial de esta conciencia. Es el camino que pide a cada uno reconocer la propia deuda y el propio tesoro, sintiéndose parte de una totalidad, fuera de la cual todo se marchita, incluso el más original de los carismas. Miren: toda la creación existe sólo en la modalidad del existir juntos, a veces peligroso, pero aun así juntos siempre (cf. Carta enc., Laudato si’ 16117). Y esto que nosotros llamamos “historia” toma forma sólo en la modalidad de reunirse, de una convivencia, frecuentemente en medio de disensos, pero aun así una convivencia. Lo contrario es mortal y desgraciadamente está ante nuestros ojos cada día.


DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL SIMYMPOSIO
“NICEA Y LA IGLESIA DEL TERCER MILENIO:
HACIA LA UNIDAD CATÓLICO-ORTODOXA”

[Pontificia Universidad de Santo Tomás de Aquino, 4-7 de junio de 2025]

Sala Clementina
Sábado, 7 de junio de 2025

Los tres temas de este Simposio son particularmente relevantes para nuestro camino ecuménico. En primer lugar, la fe de Nicea...

El segundo tema del Simposio es la sinodalidad. El Concilio de Nicea inauguró un camino sinodal que la Iglesia debe seguir para tratar las cuestiones teológicas y canónicas, a nivel universal. La contribución de los delegados fraternos de las Iglesias y comunidades eclesiales de oriente y de occidente en el reciente Sínodo sobre la Sinodalidad que se tuvo aquí en el Vaticano, fue un valioso estímulo para una más amplia reflexión sobre la naturaleza y la práctica de la sinodalidad. El documento final del Sínodo notaba que «el diálogo ecuménico es fundamental para desarrollar una comprensión de la sinodalidad y de la unidad de la Iglesia. Nos empuja a imaginar prácticas sinodales auténticamente ecuménicas, incluso hasta formas de consulta y discernimiento sobre cuestiones urgentes de interés común» (Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión, n. 138). Tengo la esperanza de que la preparación y la conmemoración conjunta del 1700º aniversario del Concilio de Nicea será una ocasión providencial «para profundizar y confesar juntos la fe cristológica y poner en práctica formas de sinodalidad entre los cristianos de todas las tradiciones» (cf. Íbid., n. 139).

El Simposio tiene un tercer tema relacionado con la fecha de la Pascua...


DISCURSO A LAS DELEGACIONES ECUMÉNICAS E INTERRELIGIOSAS
CONVENIDAS PARA EL INICIO DEL MINISTERIO PETRINO DEL PAPA LEÓN  XIV

Sala Clementina
Lunes, 19 de mayo de 2025

Consciente, además, de que sinodalidad y ecumenismo están estrechamente relacionados, deseo asegurar mi intención de proseguir el compromiso del Papa Francisco en la promoción del carácter sinodal de la Iglesia Católica y en el desarrollo de formas nuevas y concretas para una sinodalidad cada vez más intensa en el ámbito ecuménico.


DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
A LOS PARTICIPANTES EN EL JUBILEO DE LAS IGLESIAS ORIENTALES 

Aula Pablo VI
Miércoles, 14 de mayo de 2025

En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, ¡la paz esté con ustedes!

Beatitudes, Eminencias, Excelencias,
queridos sacerdotes, consagradas y consagrados,
hermanos y hermanas,

Cristo ha resucitado. ¡Ha resucitado verdaderamente! Los saludo con las palabras que, en muchas regiones, el Oriente cristiano no se cansa de repetir en este tiempo pascual, profesando el núcleo central de la fe y de la esperanza. Y es hermoso verlos aquí precisamente con motivo del Jubileo de la esperanza, de la que la resurrección de Jesús es el fundamento indestructible. ¡Bienvenidos a Roma! Me alegra encontrarme con ustedes y dedicar a los fieles orientales uno de los primeros encuentros de mi pontificado.

Ustedes son valiosos. Al mirarlos, pienso en la variedad de sus procedencias, en la historia gloriosa y en los duros sufrimientos que muchas de sus comunidades han padecido o padecen. Y quisiera reiterar lo que dijo el papa Francisco sobre las Iglesias orientales: «Son Iglesias que deben ser amadas: custodian tradiciones espirituales y sapienciales únicas, y tienen tanto que decirnos sobre la vida cristiana, la sinodalidad y la liturgia; piensen en los Padres antiguos, en los Concilios, en el monacato: tesoros inestimables para la Iglesia» (Discurso a los participantes en la Asamblea de la ROACO, 27 de junio de 2024).

DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV
AL COLEGIO CARDENALICIO

Sábado, 10 de mayo de 2025

Y a este propósito, quisiera que renováramos juntos, hoy, nuestra plena adhesión a ese camino, a la vía que desde hace ya decenios la Iglesia universal está recorriendo tras las huellas del Concilio Vaticano II. El Papa Francisco ha recordado y actualizado magistralmente su contenido en la Exhortación apostólica Evangelii gaudium, de la que me gustaría destacar algunas notas fundamentales: el regreso al primado de Cristo en el anuncio (cf. n. 11); la conversión misionera de toda la comunidad cristiana (cf. n. 9); el crecimiento en la colegialidad y en sinodalidad (cf. n. 33); la atención al sensus fidei (cf. nn. 119-120), especialmente en sus formas más propias e inclusivas, como la piedad popular (cf. 123); el cuidado amoroso de los débiles y descartados (cf.n. 53); el diálogo valiente y confiado con el mundo contemporáneo en sus diferentes componentes y realidades (cf. n. 84, Concilio Vaticano II, Const. past. Gaudium et spes, 1-2).

Se trata de los principios del Evangelio que animan e inspiran, desde siempre, la vida y la obra de la Familia de Dios; de los valores a través de los cuales el rostro misericordioso del Padre se ha revelado y continúa a revelarse en el Hijo hecho hombre, esperanza última de todos los que busquen con ánimo sincero la verdad, la justicia, la paz y la fraternidad (cf. Benedicto XVI, Carta enc. Spe salvi, 2; Francisco, Bulla Spes non confundit, 3).


BENDICIÓN APOSTÓLICA "URBI ET ORBI"

PRIMER SALUDO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

Logia central de la Basílica de San Pedro

Jueves, 8 de mayo de 2025

 

¡La paz esté con todos ustedes!

Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo resucitado, el Buen Pastor, que ha dado la vida por la grey de Dios. También yo quisiera que este saludo de paz entrara en sus corazones, llegara a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con ustedes!

Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente.  

Aún conservamos en nuestros oídos la voz débil pero siempre valiente del Papa Francisco que bendecía Roma, el Papa mientras bendecía Roma daba su bendición al mundo, al mundo entero, esa mañana del día de Pascua. Permítanme continuar esa misma bendición: Dios nos quiere, Dios los ama a todos, y el mal no prevalecerá. Estamos todos en las manos de Dios. Por lo tanto, sin miedo, unidos, tomados de la mano con Dios y entre nosotros sigamos adelante. Somos discípulos de Cristo. Cristo nos precede. El mundo necesita su luz. La humanidad lo necesita como puente para ser alcanzada por Dios y por su amor. Ayúdennos también ustedes, luego ayúdense unos a otros a construir puentes, con el diálogo, con el encuentro, uniéndonos todos para ser un solo pueblo siempre en paz. ¡Gracias al Papa Francisco!

Quiero agradecer también a todos los hermanos cardenales que me han elegido para ser Sucesor de Pedro y caminar junto con ustedes, como Iglesia unida buscando siempre la paz, la justicia, procurando siempre trabajar como hombres y mujeres fieles a Jesucristo, sin miedo, para proclamar el Evangelio, para ser misioneros.

Soy agustino, un hijo de san Agustín, que ha dicho: “Con ustedes soy cristiano y para ustedes, obispo”. En este sentido podemos caminar todos juntos hacia esa patria que Dios nos ha preparado.

Un saludo especial a la Iglesia de Roma. Debemos buscar juntos cómo ser una Iglesia misionera, una Iglesia que construye puentes dialogando, siempre abierta —como esta plaza— a recibir con los brazos abiertos a todos, a todos aquellos que necesitan nuestra caridad, nuestra presencia, diálogo y amor.

Y si me permiten también una palabra, un saludo a todos y en modo particular a mi querida diócesis de Chiclayo, en el Perú, donde un pueblo fiel ha acompañado a su obispo, ha compartido su fe y ha dado tanto, tanto, para seguir siendo Iglesia fiel de Jesucristo.

A todos ustedes, hermanos y hermanas de Roma, de Italia, de todo el mundo: queremos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia que camina, una Iglesia que busca siempre la paz, que busca siempre la caridad, que busca siempre estar cerca especialmente de aquellos que sufren.

Hoy es el día de la Súplica a la Virgen de Pompeya. Nuestra Madre María siempre quiere caminar con nosotros, estar cerca, ayudarnos con su intercesión y su amor. Quisiera, pues, rezar junto con ustedes. Recemos juntos por esta nueva misión, por toda la Iglesia, por la paz en el mundo y pidamos esta gracia especial a María, nuestra Madre: Ave María…