domingo, 13 de septiembre de 2026

El secreto de sus ojos

   Siempre me llamó la atención que las miradas de las Personas en el ícono de la Trinidad nunca se encuentran, ni cierran un circuito de miradas… es como que su recorrido queda abierto: el Hijo mira al Padre; el Padre mira al Espíritu Santo; y el Espíritu mira hacia abajo…


   Pero hace un tiempo descubrí la santa genialidad del autor, San Andrés Rublev: él nos invita a que seamos nosotros quienes cerremos el circuito de las miradas, haciendo lo que nos recomienda la Palabra de Dios: “Fijos los ojos en Jesús” (Hb 12,2).

   Si nosotros hacemos eso, la circulación de las miradas, se transforma en una comunión dinámica, en una contemplación divino-humana…



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