Ser humano es ser vulnerable: estamos
expuestos al dolor, a la tristeza, a la traición, a la muerte. Puede ser
difícil, en una sociedad que tiende a querer controlarlo todo, aceptar esta
dimensión esencial de ser humano.
Algo que puede estimularnos a los creyentes cristianos es ver que el Dios Infinito y Eterno quiso asumir la vulnerabilidad humana, ser uno de nosotros y quedar expuesto a todas esas vulnerabilidades que, efectivamente, sufrió.
Y parte del arte de la aceptación de la vulnerabilidad es saber que -aunque todo se nos ha ido de las manos- nada queda fuera del señorío de Dios; como dice Jesús: "nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre" (Jn 10,29)
Un himno de la liturgia navideña que
aún estamos transitando canta el misterio del Dios que se hizo vulnerable:
«Hoy la Virgen da
a luz al Transcendente.
Y la tierra
ofrece una cueva al Inaccesible.
Los ángeles y los
pastores le alaban.
Los magos caminan
con la estrella:
Porque ha nacido
por nosotros,
Niño pequeñito el Dios eterno». [1]
El siguiente video expone una reflexión
profunda y cordial sobre la vulnerabilidad, y el camino de su aceptación por parte
de una persona inclinada a medir y controlar, y con todo esto reforzado por su
formación académica.
[1] San
Romano Melodo, Kontakion, 10 (citado
en CCE 525).
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