Algunos consideran a Tomás como un bastión del conservadurismo cuando, en realidad, en su época fue un innovador que rompió con ocho siglos de tradición agustino-platónica, para construir un sistema inspirado en categorías aristotélicas (que en aquel momento eran vistas como sospechosas… lo cual le valió a las obras de Tomás estar condenadas varios años, después de su muerte).[1]
Si observamos a Tomás vemos que es flexible,
tanto a lo largo del tiempo (pues va modificando algunas opciones) como dentro
de sistemas que propone (que no modifica, pero que enfoca de otra manera).[2]
Un ejemplo de lo primero puede ser su
evolución en el tema de la existencia del mal en el mundo, en relación con
Dios. Mientras que en la Suma Teológica
dice que Dios ni quiere ni no quiere el mal, sino que lo permite,[3] en
la Cuestión disputada sobre el mal (que
es posterior) elimina el concepto de permisión y muestra que la estrategia de
Dios ante el mal es corregir los efectos malos que la libertad humana produce.[4]
Y un ejemplo principal de cómo Tomás “resetea”
un esquema que ha encontrado eficiente es el juego constante que hace con las
nociones de “procesión, relación y persona” al presentar el
misterio de la Trinidad. Con el orden que acabo de indicar presenta estas
nociones en la Suma Teológica. Pero
anteriormente, en el Comentario a las
Sentencias, la procesión ocupaba el lugar central; y en el De Potentia, el orden que propone es:
“relación, persona, procesión”. O sea: Tomás nunca presenta esas tres nociones
en el mismo orden… y sus razones tiene: Ghislain Lafont precisa que el orden
del De Potentia refleja más el “ordo inventionis” y el de la Suma Teológica, el “ordo disciplinae”.[5]
Basten
estos ejemplos sobre dos temas cruciales, para ver a Tomás como un
teólogo vivo y en constante juego creativo.[6]
[1] Yo valoro el
acceso a la obra y figura de Santo Tomás –humano y humanista– que se puede
lograr mediante las obras de Josef Pieper… y no sólo las que tratan
expresamente sobre él. Por ejemplo, el comentario que –como al pasar– propone de
llamarlo “más que Tomás de Aquino «Tomás del Dios Creador»”, a causa
de la valoración positiva que hace Santo Tomás respecto de la realidad
creada: Josef Pieper, Las virtudes fundamentales, Madrid, 1976; p. 270.
[2] Podríamos hablar
de su flexibilidad diacrónica y sincrónica…
[3] Creo que ni
el propio Tomás estaba muy convencido de lo que escribió en la Suma, pero se
entiende: Dios no puede querer el mal, porque es Bondad; pero si Dios realmente
no lo quisiera su Omnipotencia debería eliminarlo. El problema con el concepto
de permisión es que puede derivar en una acusación contra Dios, al menos por no
actuar. El ejemplo catequístico que suelo proponer es el siguiente: si yo fuera
directivo de un colegio católico, y en ese colegio pasaran cosas que están mal
(y yo lo permitiera) yo no sería inocente…
[4] Autores que
he visto analizando este tema en Tomás o dan como paralelos los dos pasajes (como
Charles Journet, El mal, Madrid, 1965) o no consideran estos textos (como
Jean-Hervé Nicolas, “Synthèse dogmatique. Complement”, Fribourg-Paris,
1993; pp. 353-396). Los textos de Tomás son: Suma Teológica I,
19,9 ad 3.y De malo 2,1 rc 4.
[5]
“Ordo inventionis” es el orden en que
se van descubriendo los datos; “ordo
disciplinae” es el orden que se les puede dar lógicamente a los datos en
una sistematización. Cf. GhislainLafont,
Estructuras y método en la Suma Teológica de Santo
Tomás de Aquino, Madrid, 1964; p. 80 (nota 111). Cf. también Gilles Emery, La
téologie trinitaire de Saint Thomas d´Aquin, París, 2004; pp. 49ss.
[6] ¿Qué hubiera escrito Tomás sobre
“persona y relación” en una hipotética Cuestión
disputada sobre la Trinidad compuesta a sus, digamos, 60 años de edad
(recordemos que Tomás murió a sus 49 años)? Porque si uno bien se fija, al
principio de la cuestión 29 de la Suma
Teológica (Prima Pars) Tomás no sigue su propio hilo reflexivo sino que “retrocede”
a la definición de Boecio, quizás recordando que está escribiendo un tratado para
principiantes de teología (y dejando para un desarrollo posterior –que nunca se
dio– las potenciales riquezas que se seguían de sus reflexiones en la cuestión
28).
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