jueves, 15 de enero de 2026

Santo Tomás de Aquino, teólogo flexible

 Algunos consideran a Tomás como un bastión del conservadurismo cuando, en realidad, en su época fue un innovador que rompió con ocho siglos de tradición agustino-platónica, para construir un sistema inspirado en categorías aristotélicas (que en aquel momento eran vistas como sospechosas… lo cual le valió a las obras de Tomás estar condenadas varios años, después de su muerte).[1]

   Si observamos a Tomás vemos que es flexible, tanto a lo largo del tiempo (pues va modificando algunas opciones) como dentro de sistemas que propone (que no modifica, pero que enfoca de otra manera).[2]

   Un ejemplo de lo primero puede ser su evolución en el tema de la existencia del mal en el mundo, en relación con Dios. Mientras que en la Suma Teológica dice que Dios ni quiere ni no quiere el mal, sino que lo permite,[3] en la Cuestión disputada sobre el mal (que es posterior) elimina el concepto de permisión y muestra que la estrategia de Dios ante el mal es corregir los efectos malos que la libertad humana produce.[4]

   Y un ejemplo principal de cómo Tomás “resetea” un esquema que ha encontrado eficiente es el juego constante que hace con las nociones de “procesión, relación y persona” al presentar el misterio de la Trinidad. Con el orden que acabo de indicar presenta estas nociones en la Suma Teológica. Pero anteriormente, en el Comentario a las Sentencias, la procesión ocupaba el lugar central; y en el De Potentia, el orden que propone es: “relación, persona, procesión”. O sea: Tomás nunca presenta esas tres nociones en el mismo orden… y sus razones tiene: Ghislain Lafont precisa que el orden del De Potentia refleja más el “ordo inventionis” y el de la Suma Teológica, el “ordo disciplinae”.[5]

   Basten estos ejemplos sobre dos temas cruciales, para ver a Tomás como un teólogo vivo y en constante juego creativo.[6]



[1] Yo valoro el acceso a la obra y figura de Santo Tomás –humano y humanista– que se puede lograr mediante las obras de Josef Pieper… y no sólo las que tratan expresamente sobre él. Por ejemplo, el comentario que –como al pasar– propone de llamarlo “más que Tomás de Aquino «Tomás del Dios Creador»”, a causa de la valoración positiva que hace Santo Tomás respecto de la realidad creada: Josef Pieper, Las virtudes fundamentales, Madrid, 1976; p. 270.

[2] Podríamos hablar de su flexibilidad diacrónica y sincrónica…

[3] Creo que ni el propio Tomás estaba muy convencido de lo que escribió en la Suma, pero se entiende: Dios no puede querer el mal, porque es Bondad; pero si Dios realmente no lo quisiera su Omnipotencia debería eliminarlo. El problema con el concepto de permisión es que puede derivar en una acusación contra Dios, al menos por no actuar. El ejemplo catequístico que suelo proponer es el siguiente: si yo fuera directivo de un colegio católico, y en ese colegio pasaran cosas que están mal (y yo lo permitiera) yo no sería inocente…

[4] Autores que he visto analizando este tema en Tomás o dan como paralelos los dos pasajes (como Charles Journet, El mal, Madrid, 1965)  o no consideran estos textos (como Jean-Hervé Nicolas, Synthèse dogmatique. Complement”, Fribourg-Paris, 1993; pp. 353-396). Los textos de Tomás son: Suma Teológica I, 19,9 ad 3.y De malo 2,1 rc 4.

[5]Ordo inventionis” es el orden en que se van descubriendo los datos; “ordo disciplinae” es el orden que se les puede dar lógicamente a los datos en una sistematización. Cf. GhislainLafont, Estructuras y método en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, Madrid, 1964; p. 80 (nota 111). Cf. también Gilles Emery, La téologie trinitaire de Saint Thomas d´Aquin, París, 2004; pp. 49ss.

[6] ¿Qué hubiera escrito Tomás sobre “persona y relación” en una hipotética Cuestión disputada sobre la Trinidad compuesta a sus, digamos, 60 años de edad (recordemos que Tomás murió a sus 49 años)? Porque si uno bien se fija, al principio de la cuestión 29 de la Suma Teológica (Prima Pars) Tomás no sigue su propio hilo reflexivo sino que “retrocede” a la definición de Boecio, quizás recordando que está escribiendo un tratado para principiantes de teología (y dejando para un desarrollo posterior –que nunca se dio– las potenciales riquezas que se seguían de sus reflexiones en la cuestión 28).

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