jueves, 22 de enero de 2026

Videos sobre la sinodalidad (CELAM)

   Algunos estamos haciendo el curso "Juntos" que ofreció el CELAM, a fines del año pasado, para profundizar sobre la sinodalidad. Este curso está estructurado con videos breves (unos 8 minutos) en que diversos especialistas van exponiendo distintos aspectos de la sinodalidad y del Documento Final de Francisco y la Asamblea Sinodal (= DF).

   Dado que desde el principio del curso se dice que estos videos son de libre difusión (y por eso están subidos a youtube) los comparto aquí.

   En el enlace hay una lista en que figuran los títulos y enlaces de los tres primeros ciclos de discursos (junto con algunas notas personales que recogen algunas ideas de cada video).

   El primer ciclo pone marcos generales, y el segundo trata sobre el proceso sinodal y el tercero expone cada una de las cinco Partes del DF.

   Luego seguiré agregando los siguientes ciclos de videos…

VIDEOS SINODALIDAD (CELAM)


jueves, 15 de enero de 2026

Santo Tomás de Aquino, teólogo flexible

 Algunos consideran a Tomás como un bastión del conservadurismo cuando, en realidad, en su época fue un innovador que rompió con ocho siglos de tradición agustino-platónica, para construir un sistema inspirado en categorías aristotélicas (que en aquel momento eran vistas como sospechosas… lo cual le valió a las obras de Tomás estar condenadas durante varios años, después de su muerte).[1]

   Si observamos a Tomás vemos que es flexible, tanto a lo largo del tiempo (pues va modificando algunas opciones) como dentro de sistemas que propone (que no modifica, pero que enfoca de otra manera).[2]

   Un ejemplo de lo primero puede ser su evolución en el tema de la existencia del mal en el mundo, en relación con Dios. Mientras que en la Suma Teológica (año 1266) dice que Dios ni quiere ni no quiere el mal, sino que lo permite,[3] en la Cuestión disputada sobre el mal (que es posterior: 1268-69)) elimina el concepto de permisión y muestra que la estrategia de Dios ante el mal es corregir los efectos malos que la libertad humana produce.[4]

   Y un ejemplo principal de cómo Tomás “resetea” un esquema que ha encontrado eficiente es el juego constante que hace con las nociones de “procesión, relación y persona” al presentar el misterio de la Trinidad. Con el orden que acabo de indicar presenta estas nociones en la Suma Teológica. Pero anteriormente, en el Comentario a las Sentencias (años 1254-56), la procesión ocupaba el lugar central; y en la Cuestión Disputada De Potentia, el orden que propone es: “relación, persona, procesión”. O sea: Tomás nunca presenta esas tres nociones en el mismo orden… y sus razones tiene: Ghislain Lafont precisa que el orden de la De Potentia refleja más el “ordo inventionis” y el de la Suma Teológica, el “ordo disciplinae”.[5] Y es interesante constatar que la cuestión De Potentia (1265-67) y la Primera Parte de la Suma (1266) son textos contemporáneos.

   Basten estos ejemplos sobre dos temas cruciales, para ver a Tomás como un teólogo vivo y en constante juego creativo.[6]



[1] Yo valoro el acceso a la obra y figura de Santo Tomás –humano y humanista– que se puede lograr mediante las obras de Josef Pieper… y no sólo las que tratan expresamente sobre él. Por ejemplo, el comentario que –como al pasar– propone Pieper de llamarlo “más que Tomás de Aquino «Tomás del Dios Creador»”, a causa de la valoración positiva que hace Santo Tomás respecto de la realidad creada: Josef Pieper, Las virtudes fundamentales, Madrid, 1976; p. 270.

[2] Podríamos hablar de su flexibilidad diacrónica y sincrónica…

[3] Creo que ni el propio Tomás estaba muy convencido de lo que escribió en la Suma, pero se entiende: Dios no puede querer el mal, porque es Bondad; pero si Dios realmente no lo quisiera su Omnipotencia debería eliminarlo. El problema con el concepto de permisión es que puede derivar en una acusación contra Dios, al menos por no actuar. El ejemplo catequístico que suelo proponer es el siguiente: si yo fuera directivo de un colegio católico, y en ese colegio pasaran cosas que están mal (y yo lo permitiera) yo no sería inocente…

[4] Autores que he visto analizando este tema en Tomás o dan como paralelos los dos pasajes (como Charles Journet, El mal, Madrid, 1965)  o no consideran estos textos (como Jean-Hervé Nicolas, Synthèse dogmatique. Complement”, Fribourg-Paris, 1993; pp. 353-396). Los textos de Tomás son: Suma Teológica I, 19,9 ad 3.y De malo 2,1 rc 4.

[5]Ordo inventionis” es el orden en que se van descubriendo los datos; “ordo disciplinae” es el orden que se les puede dar lógicamente a los datos en una sistematización. Cf. GhislainLafont, Estructuras y método en la Suma Teológica de Santo Tomás de Aquino, Madrid, 1964; p. 80 (nota 111). Cf. también Gilles Emery, La téologie trinitaire de Saint Thomas d´Aquin, París, 2004; pp. 49ss. 

[6] ¿Qué hubiera escrito Tomás sobre “persona y relación” en una hipotética Cuestión disputada sobre la Trinidad compuesta a sus, digamos, 60 años de edad? (Recordemos que Tomás murió a sus 49 años). Porque si uno bien se fija, al principio de la cuestión 29 de la Suma Teológica (Prima Pars) Tomás no sigue su propio hilo reflexivo sino que “retrocede” a la definición de Boecio, quizás recordando que está escribiendo un tratado para principiantes de teología (y dejando para un desarrollo posterior –que nunca se dio– las potenciales riquezas que se seguían de sus reflexiones en la cuestión 28).

viernes, 9 de enero de 2026

La aceptación de la vulnerabilidad

   Ser humano es ser vulnerable: estamos expuestos al dolor, a la tristeza, a la traición, a la muerte. Puede ser difícil, en una sociedad que tiende a querer controlarlo todo, aceptar esta dimensión esencial de ser humano.

   Algo que puede estimularnos a los creyentes cristianos es ver que el Dios Infinito y Eterno quiso asumir la vulnerabilidad humana, ser uno de nosotros y quedar expuesto a todas esas vulnerabilidades que, efectivamente, sufrió. 

   Y parte del arte de la aceptación de la vulnerabilidad es saber que -aunque todo se nos ha ido de las manos- nada queda fuera del señorío de Dios; como dice Jesús: "nadie puede arrebatar nada de la mano del Padre" (Jn 10,29)

   Un  himno de la liturgia navideña que aún estamos transitando canta el misterio del Dios que se hizo vulnerable:

«Hoy la Virgen da a luz al Transcendente.

Y la tierra ofrece una cueva al Inaccesible.

Los ángeles y los pastores le alaban.

Los magos caminan con la estrella:

Porque ha nacido por nosotros,

Niño pequeñito el Dios eterno». [1]

   El siguiente video expone una reflexión profunda y cordial sobre la vulnerabilidad, y el camino de su aceptación por parte de una persona inclinada a medir y controlar, y con todo esto reforzado por su formación académica.

BRENE BROWN: EL PODER DE LA VULNERABILIDAD (SUBTITULOS ESPAÑOL)

[1] San Romano Melodo, Kontakion, 10 (citado en CCE 525).


viernes, 2 de enero de 2026

El método de “la conversación en el Espíritu”: contextos

   Si uno lee el breve documento oficial sobre “la conversación en el Espíritu”, y conoce un poco sobre distintas corrientes de espiritualidad cristianas, puede que detecte un cierto aroma de espiritualidad ignaciana.[1]

   Pero sería errado entender el método como una propuesta marcada por una escuela de espiritualidad particular. Esto se evidencia cuando se encuentran indicaciones parecidas en otras corrientes de espiritualidad. Veamos algunos casos…

 1. Por ejemplo: San Benito, en el capítulo tercero de su Regla monástica dispone lo siguiente:

   “Siempre que en el monasterio haya que tratar asuntos de importancia, convoque el abad a toda la comunidad, y exponga él mismo de qué se ha de tratar. Oiga el consejo de los hermanos, reflexione consigo mismo, y haga lo que juzgue más útil. Hemos dicho que todos sean llamados a consejo porque muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor. Los hermanos den su consejo con toda sumisión y humildad, y no se atrevan a defender con insolencia su opinión. La decisión dependa del parecer del abad, y todos obedecerán lo que él juzgue ser más oportuno. Pero así como conviene que los discípulos obedezcan al maestro, así corresponde que éste disponga todo con probidad y justicia”.[2]

   Aquí vemos que:

   a. Se practica un discernimiento comunitario, en el cual –no sólo participan todos– sino que Benito, desde su experiencia, ha verificado el aporte sustancial que a veces hacen los más pequeños: “muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor”.[3]

   b. Esta última frase muestra la dimensión carismática de todo el asunto: el Señor revela; por tanto hay que ponerse a la escucha…

   c. Hay un comunión organizada: el abad escucha el consejo de los hermanos y toma la decisión teniendo en cuenta lo escuchado, de un modo servicial: “con probidad y justicia”.[4]

 

2. Es interesante que esa experiencia que tuvo Benito, que veía que “muchas veces el Señor revela al más joven lo que es mejor” la capitaliza Santa Teresa de Jesús, valorando la voz de “la más chiquita” del convento carmelita.[5] Al principio de “Camino de Perfección”, insistiendo en la práctica de la pobreza –que aparece como central en su reforma del Carmelo– y diciendo a sus hermanas que deben despreocuparse de lo material Teresa escribe:

   “En ninguna manera se ocupe en esto el pensamiento. Esto os pido yo, por amor de Dios… y la más chiquita, cuando esto entendiese alguna vez en esta casa, clame a Su Majestad y acuérdelo a la mayor; con humildad le diga que va errada; y va lo tanto, que poco a poco se irá perdiendo la verdadera pobreza”.[6]

 

   Y, más allá de este caso particular, hay que tener en cuenta que la reforma misma del Carnelo –iniciada por Teresa y algunas de sus hermanas; a las que se unen Juan de la Cruz y otros frailes– implicó: escucha de la voluntad de Dios; docilidad al Espíritu; discernimiento comunitario; decisiones “corresponsables y diferenciadas”…[7]  Y esto que se puede decir de la reforma del Carmelo, se puede extender al nacimiento de cada instituto religioso –y de cada reforma– en base a un carisma otorgado por el Espíritu.[8]

 

3. Volviendo a la tradición benedictina, en la Orden cisterciense (hoy conocida como trapense) vemos una actualización al siglo XXI del espíritu que nos mostraba San Benito. En una Carta del Abad General, Bernardo Olivera, escrita a todas las comunidades del mundo en 2004: “Vida común en comunidad de amor” se propone un diálogo comunitario semejante a la “conversación en el Espíritu”.[9]

   Dado que toda la Carta muestra qué es vivir de modo sinodal (e incluso remite a varias cartas del Abad General anterior) pongo un enlace para quienes quieran leerla completa.[10] Aquí recojo unos consejos que el Abad Bernardo propone cuando pasa exponer los aspectos prácticos:

    “Aterrizamos ahora en la práctica. Observando la vida concreta de nuestras comunidades he llegado a esta simple conclusión: la calidad de la comunidad depende de la calidad de su comunicación.  Y cuando digo comunicación me estoy refiriendo a un doble binomio: escucha-silencio y palabra-respeto

   Urge, en consecuencia, una disciplina de la palabra discreta, la cual implica una respetuosa escucha.  La palabra discreta presupone respuestas adecuadas a preguntas como estas: ¿he escuchado antes de hablar?, ¿sé lo que quiero decir?, ¿es con él/ella con quien tengo que hablar?, ¿es el momento y el lugar conveniente?, ¿me comunico, informo, me lamento o murmuro..?...[11]

    El diálogo comunitario es un tipo muy específico de comunicación, es un tipo de comunicación grupal calificada, algo así como lo que intenta San Benito cuando escribe el capítulo tercero de su Regla: cómo se han de convocar los hermanos a consejo

   ¿Qué quiero decir cuando hablo de diálogo?  Dialogar es intercomunicarse amigablemente e interactuarse cooperativamente en vistas a un fin común.  O, con palabras más cenobitas: dialogar es ser verdadero, decir la verdad y hacer la verdad en el amor.  Esto implica, ante todo, tres actitudes fundamentales: mirar con simpatía a los otros, donarse a sí mismo con generosidad y acoger al prójimo con solicitud y cuidado…

Las siete reglas de oro del buen hablar pueden plasmarse así, se trata de hablar:

-Claramente: con verdad.

-Humildemente: sin absolutizar.

-Prudentemente: con oportunidad

-Amablemente: sin interrumpir ni monopolizar.

-Comprometidamente: sin teorizar.

-Confiadamente: sin temor.      

-Esencialmente: con precisión”.[12]

 

   Con esto vemos que en la espiritualidad de la Regla de San Benito –antigua y reciente, benedictina y trapense– y en la espiritualidad carmelitana aparece la práctica de la conversación en el Espíritu.



[1] Por si alguien no tiene o no conoce este texto, lo puede encontrar aquí: MÉTODO DE LA CONVERSACIÓN EN EL ESPÍRITU

[2] Nótese que la ubicación del capítulo también recalca su importancia: en el capítulo primero Benito expuso cuáles son las cuatro clases de monjes y optó por la vida cenobítica; en el segundo habla de cómo debe ser el abad; y enseguida acompaña la figura del abad con el consejo que constituye la comunidad. Recuérdese, además, que las comunidades monásticas –que parecen ser cristianos bastante comprometidos– eligen a su abad (e incluso determinan la duración de su cargo) lo cual hace del servicio abacial algo muy sinodal ya desde la misma designación: el monje que hoy ha sido elegido abad por sus hermanos, dentro de seis años puede volver a ser un hermano más, ante la elección de un nuevo abad. Y dado que los monjes que viven según la Regla de San Benito hacen un voto de estabilidad, viven en la misma comunidad todas sus vidas (no cambian de comunidad como otros religiosos).

[3] En el Documento Final del Sínodo (DF) se pueden leer textos análogos: “La Iglesia está llamada a ser pobre con los pobres, que a menudo son la mayoría de los fieles, y a escucharlos y considerarlos sujetos de evangelización, aprendiendo juntos a reconocer los carismas que reciben del Espíritu” (DF 19). La disponibilidad de escuchar a todos, especialmente a los pobres, contrasta con un mundo en el que la concentración de poder deja fuera a los pobres, a los marginados, a las minorías y a la tierra, nuestra casa común” (DF 48). Asimismo, toda la teología del “sensus fidei” fundamenta y explica el valor de la voz de cada uno: Cf DF 22-23.

[4] En el DF se propone una dinámica similar: se parte de un discernimiento eclesial (DF 81ss) con la más “amplia participación” (DF 82); se realiza un discernimiento que tiene varios pasos que se detallan (DF 84) y se llega a una toma de decisiones de las autoridades, que ofrecen el resultado del consenso alcanzado “a todos los participantes, para que puedan expresar si se reconocen o no en él” (DF 84). En esta misma línea de un vínculo esencial entre el consenso comunitario y la decisión de la autoridad, el DF pide que se revise “la fórmula recurrente en el Código de derecho canónico (CIC), que habla de un “voto sólo consultivo” (tantum consultivum)” porque puede dar lugar a “ambigüedades” (DF 92).

[5] Esta valoración de “el menor” es constante en la Biblia; sin pensar mucho, enseguida recordamos los casos de Abel, Jacob y David, en que el menor es preferido al mayor. María canta que “Dios”, que “puesto los ojos en la pequeñez de su esclava… derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes” (Lc 1,48.52). Y Jesús “exhomologa” al Padre (no sólo lo “alaba”) porque esconde los misterios del Reino a los sabios y prudentes y los revela a los pequeños (Cf. Mt 11,25).

[6] Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección, 2,4.

[7] La expresión “corresponsabilidad diferenciada” aparece 6 veces en el DF: 26, 28, 36, 77, 89 y 147; mientras que “corresponsabilidad” aparece otras 7 veces, además de las indicadas.

[8] Agradezco a las Hermanas Carmelitas del Convento de Guillón la lúcida observación que aprovecho aquí; como así también la rápida precisión sobre el lugar del texto de Santa Teresa de la nota anterior.

[9] Es tradicional en la Orden trapense que el Abad General escriba una carta anual a las comunidades; algo así como una encíclica a tiempos regulares (en-cíclica, es lo que hoy llamamos una carta circular).

[11] “Murmurar” en el ámbito monástico significa algo así como “criticar por la espalda, por lo bajo”; todo lo contrario de lo que Jesús enseña en Mt 18,15ss.

[12] En la Carta citada, en las páginas 8 y 9, hacia el final de la Carta.