lunes, 15 de agosto de 2022

María: Receptividad pura

    El texto de “la visitación de María a su pariente Isabel” (Lc 1,39ss), que la liturgia católica nos propone hoy, es una muestra de una María que –en sintonía con aquello que su Hijo es en la eternidad–­ es “receptividad pura”.

   ¿Qué significa “receptividad pura”? Significa la capacidad de recibir el don de Dios y no apropiárselo egocéntricamente, sino transformarlo inmediatamente en don. María recibe en “la anunciación” (Lc 1,26ss) el don de la revelación de Dios y de su vocación materna; el don de ser la Madre de Dios; el don del Espíritu que viene sobre ella para hacerla fecunda. Y allí ya responde como “receptividad pura”, entregándose con todo su ser a la acción y vocación divinas.

   Pero su don no termina en Dios: se prolonga hacia los hermanos; y aquí la beneficiada es Isabel y su familia.

   Luego veremos en Jesús –el Hijo hecho hombre– esta “receptividad pura” en su comportamiento filial respecto del Padre, y fraterno, respecto de los hombres.

  Y esto nos permitirá descubrir que el Hijo es “Receptividad Pura” desde toda la eternidad, en su relación con el Padre:  “Receptividad pura –más allá de toda temporalidad y de toda distinción entre hipóstasis y operación–; una recepción del don de Dios que no deja jamás de ser tal, pues no conoce la apropiación, pues reenvía el don recibido en un inmediato absoluto”.[1]



[1] Ghislain Lafont, Peut-on connaitre Dieu en Jésus-Christ? Problematique, Paris, 1969; 273.

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