martes, 12 de mayo de 2020

No ser solidarios nos pone en riesgo de extinción


   En el articulo de Yuval Harari que compartí el día 9 de abril (con enlace al final de este artículo) este pensador indica que nos encontramos ante dos elecciones fundamentales en este momento:
   - un ciudadano más formado, informado y responsable o un estado más controlador (y, acaso, invasivo y hasta totalitario);
   - aislacionismo nacionalista o comunidad global solidaria.

   Y ‒para estimular a que elijamos, en particular, esta última opción- muestra, con argumentos de estilo darwiniano, que si descuidamos un solo grupo humano en la comunidad global y no le permitimos tener una atención médica de calidad; un virus puede mutar en ese grupo humano reducido (y que hemos descuidado/despreciado) y exterminar a toda la especie humana… si ese virus adquiere una letalidad mayor a la que tiene el coronavirus (semejante por ejemplo a la que tuvo la fiebre amarilla o la peste negra), y con su misma capacidad de contagio.

   Hasta aquí un resumen parcial del rico artículo de Harari. Ahora agrego yo: en este momento hay unos 40 laboratorios en que se está buscando la vacuna contra el coronavirus.[1] Por supuesto, llevados por nuestro tradicional criterio del afán de lucro y de la competencia, esos laboratorios no comparten su información pues cada uno espera ser el primero en encontrarla y volverse rico y famoso. Y que todos le rindamos homenaje a su inteligencia y su solidaridad.

   Yo digo: son todos egoístas e imbéciles (y también los dirigentes mundiales que podrían cambiar esto): ¿Qué pasa si –mientras estos 40 centros de investigación siguen tomándose su tiempo para encontrar la vacuna‒ el virus muta a una versión más mortífera y empezamos (ahora sí) a caer como moscas?
   Posiblemente, si estos laboratorios hubieran compartido toda su información desde el principio, quizás ya tendríamos la vacuna. Y seguramente, si lo hubieran hecho (de no tenerla ya) estaríamos mucho más cerca de tenerla.
   No pasar de la mentalidad del lucro y la competencia, a la ética de la solidaridad y de la colaboración nos puede llevar a la extinción más rápido de lo que pensamos…


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